La política en el Ecuador ha experimentado profundos cambios sociales en los últimos años. Cada día se encuentra más fragmentada que nunca, dividida en diversos grupos seccionados por distintos intereses y motivaciones. Sin embargo, de esta polarización tan marcada surge un nuevo fenómeno: los jóvenes votantes, un grupo particularmente relevante que ha adquirido el rol de masa electoral y que hoy es responsable de una parte decisiva en la toma de decisiones políticas, pues de ellos depende, en gran medida, el futuro del país.
No obstante, muchos jóvenes no son plenamente conscientes de la enorme responsabilidad que esto implica, ya que una gran parte proviene de entornos políticos profundamente sesgados. Incluso, su participación temprana suele considerarse un tabú, pues en muchos hogares la crianza estuvo marcada por una corriente política específica, lo que limita el criterio personal y el libre pensamiento.
Por otro lado, existe un sector de jóvenes que padece apatía política y un marcado “quemeimportismo” social, al considerar que su participación no aportaba significativamente al país. Hasta cierto punto, esta percepción tenía sustento, pues por su edad no contaban con mayores oportunidades de incidencia directa en la política. Sin embargo, esta generación ha alcanzado ya una etapa clave de la adultez y, al convertirse en una masa votante numerosa, posee hoy un peso determinante en los procesos electorales.
Dadas estas condiciones, se configura un escenario propenso al fracaso político y a la desinformación. La nueva realidad del Ecuador muestra que cada año aumenta el número de votantes que no tienen claridad sobre por qué votar ni por quién hacerlo. Irónicamente, se trata de una generación con acceso a innumerables fuentes de información, bibliotecas digitales y recursos disponibles en internet, pero que opta por limitarse a las redes sociales y por la cómoda decisión de no investigar.
Es cierto que existen honrosas excepciones. En el país hay jóvenes con mentes críticas y brillantes que, poco a poco, van construyendo criterios propios y avanzan con pasos firmes. Sin embargo, siguen siendo minoría frente a un voto desinformado, influenciado por redes sociales y profundamente marcado por discursos artificiales promovidos por los mal llamados “influencers”. Lejos de fomentar un voto informado y basado en argumentos veraces, estos actores han causado un grave daño al generar un falso sentido de pertenencia política e ideológica.
Lo más preocupante de esta situación es que muchos jóvenes se han dejado influenciar por personas que ni siquiera forman parte del ámbito político ni se han tomado el tiempo de estudiar la realidad nacional y sus consecuencias. Como resultado, se consolida un escenario de mentes frágiles y una profunda falta de criterio propio.
Este análisis puede parecer crudo y pesimista; sin embargo, también debe entenderse como una oportunidad de mejora y como una lección que sirva de referencia al momento de tomar las decisiones que mueven al país. Los jóvenes deben alfabetizarse políticamente, informarse y tomar conciencia de la importancia y magnitud de su rol actual en el Ecuador.
Por ello, resulta fundamental iniciar la ardua tarea de crear conciencia en cada una de las jóvenes mentes ecuatorianas, pensando en un futuro mejor y en un país más sólido. Recordando siempre que, como advirtió John F. Kennedy:
“La ignorancia de un votante en una democracia pone en peligro la seguridad de todos”.
