En el mundo actual que cada día se hace más interdependiente, los países requieren de diplomáticos que puedan representarlos a cabalidad, pues de su actividad buena o mala dependerá, en gran parte, que la relación internacional sea benéfica para la nación o, al contrario la perjudique, aislándola de los contextos regionales o de los acuerdos zonales. El diplomático moderno ya no es esa figura engolada de bigotes inciestos, reluciente frac y cortesanos ademanes, sino que es el representante nacional que trabajando ordenada e intensamente procura conciliar los altos intereses de la Patria con los intereses del país donde se encuentra acreditado para así establecer una relación armónica entre ellos y propiciar un clima de cordialidad en el que puedan conjugarse armoniosamente los múltiples aspectos de la vida de los pueblos.
El diplomático actual es y debe de ser un trabajador a tiempo completo de los intereses de su patria para conseguir, el soporte técnico, en caso de ésta no poseerlo, y proyectar, al mismo tiempo el alma nacional para que al conocerla la aprender a respetar y comprender.
El diplomático moderno deberá de poseer una profunda cultura que le permita apreciar en su debida dimensión la serie de oportunidades que se le presentan al país que él representa y aprovecharlas lealmente en su beneficio. Siendo un hombre de pensamiento deberá ser al mismo tiempo un hombre de acción. Quizás la mejor manera de definirlo lo podemos encontrar en la expresión de Jhon Foster Dules que, preguntando sobre un símil para definir al diplomático, expresará: “ una antena nacional que transmita las orientaciones de su gobierno, al mismo tiempo retransmite este los parámetros y las condiciones generales del país en el que se encuentra afincado, influyendo poderosamente en la conducción de la política internacional de su patria.”
Realizo esta breve reseña para mencionar el caso de los embajadores Marcelo Fernández de Córdova, Jaime Marchán y Luis Gallegos Chiriboga que son el prototipo del diplomático: ágiles de pensamiento, fácil de expresión, con amplios conocimientos y con una energía notable para el trabajo. He tenido la oportunidad de trabajar con ellos en el Ministerio de Relaciones Exteriores y conozco la larga y fructífera carrera que han tenido en el servicio diplomático.
