En Ecuador, tenemos instituciones…
sorbetes.
Se doblan, se derriten,
y no sostienen nada.
Instituciones con efecto placebo:
parecen que sirven…
pero no sirven para nada.
Y una de las más críticas,
la que debería proteger nuestra democracia,
es el Consejo Nacional Electoral.
Y ahí aparece Diana Atamaint
hablando de “tintas mágicas”.
Pero seamos honestos:
la única magia de verdad
ha sido mantenerse en el cargo
más allá de su periodo constitucional.
Su mandato terminó el 20 de noviembre de 2024,
pero sigue ahí.
Sigue en el poder
gracias a un pronunciamiento de la Procuraduría.
Mientras tanto…
- No permitió que sus suplentes asuman.
- El CPCCS ya debió haber renovado al CNE… y no lo hizo.
- Y hay denuncias —como la de Juan Guarderas—
que advierten que esta prórroga
no es legal
y que rompe la legitimidad del árbitro electoral.
La democracia necesita
un CNE transparente,
independiente,
y con autoridades que se renueven
como manda la ley.
No un CNE atrapado,
alargado,
y eternizado en el poder
para mantener su propia influencia.
Con un árbitro así,
con instituciones así…
cuando se trata del poder electoral en Ecuador…
Piensa mal…
y acertarás.
