20 enero, 2026

¡TE ESPERO, Aunque tu ausencia me hiela!

Las relaciones entre los seres humanos no siempre son sostenibles en el tiempo, ¡tantas parejas hermosas y sinceras que se unen y se separan! ¡Tantas promesas incumplidas! Así somos, pero eso, ¿Qué quiere decir? ¿qué mismo somos? Incapaces de sostener un ideal, un propósito por el que vivir. Será verdad lo que dicen los sociólogos del futuro, que para caracterizar nuestra sociedad, dicen que vivimos una sociedad BANI.

BANI, por sus siglas en inglés (significa un entorno empresarial Frágil, Ansioso, No lineal e Incomprensible (Brittle, Anxious, Nonlinear, Incomprehensible), una evolución del modelo VUCA para describir el caos y la impredecibilidad del mundo actual. Es un marco que describe una realidad de cambios acelerados y difíciles de planificar. Si esto pasa en las relaciones comerciales qué mismo pasará en las relaciones humanas donde la gente se esconde en una pantalla o en el anonimato de las redes sociales o en la abstracción sociedad digital ¿A dónde vamos a parar con tanta ansiedad? ¿somos capaces de confiar en nuestros amigos? O ¿los vamos midiendo según el cálculo y el resultado? No hay espacio para la gratuidad, todo se mide o se valora según la utilidad. 

Al ser creyente, debo confesar que el desafío es más grande. Pues, los testimonios bíblicos me dicen “que nadie ha visto a Dios” (Juan), “que es imposible amar a Dios a quien no se ve y no amar al humano que se ve”. Y muchos estamos convencidos que podemos amar a Dios y pelearnos, ignorar, rechazar o descuidar al hermano caído, migrante, necesitado.  La parábola del Buen Samaritano, siempre está ahí para hablarnos de la ideología religiosa ciega ante las necesidades de la gente por ir al templo a alabar a Dios, se descuida al caído en la ribera del camino (Lucas 10). Y no digamos, la terrible interpelación de salvarse o liberarse de la inhumiandad de no hacer nada por ayudar al extraño, al distinto, al enfermo al simple humano caído por el hecho de estar caído (Mt 25). Para ser yo mismo simplemente debo abrirme al otro, debo reconocer al otro.

En estos tiempos de adviento, lo que más se fomenta es la solidaridad, la compasión, la ternura. El punto está en saber por qué hacerlo. Una vía es el reconocimiento de un ser auténtico, cuando quiere ser sí mismo, es capaz de abrirse al otro, al humano igual que yo, aunque necesitado más que yo. Eso es reconocer un mensaje de salvación universal. Yo me libro del egoísmo y de creerme el centro del mundo cuando abro mi mente a entender esta realidad y crear alternativas de estilos de vida más humanos, más tiernos y que dejen huellas en el corazón. La ternura de la cueva de Belén solo genera actitudes de alegría, espera activa y contagia buena noticia a los que sufren. Podemos cambiar, podemos ser mejores, el ser humano es más de lo que hoy se ha manifestado. 

Juan el Bautista, no entiende el modo de proceder de Jesús que la gente murmuraba y chismeaba en las aldeas y pueblos de Galilea. El Mesías no viene con poder, no interviene desde afuera y abruptamente, simplemente, invita a mirar y pensar diferente, a oír en profundidad que el amor de Dios solo actúa en la mente y corazones de los seres humanos. Juan no entiende entonces a Jesús, Dios es poder, es señor, viene de arriba y debe echar al fuego a los que no producen. ¿Eres tú al que estamos esperando desde antiguo? O ¿tenemos que esperar a otro?

Las respuestas de Jesús son originales, no son de simple alternativas múltiples, ni de verdadero o falso. Invita a escuchar el corazón, reconocer la acción de los hombres y mujeres que anhelan la liberación, caminan a pesar de las cojeras de la vida, se levantan, ven lo que otros no vieron: la verdadera necesidad de la vida sanar heridas, ser buena noticia en lo que hacemos, vivimos y luchamos. La primacía la tiene la vida no la muerte ni la ley, sino la libertad y la plenitud. 

Jesús, te creo, pero aún me siento ciego, sordo y dolido ante lo que veo en la sociedad: guerras, envidias, acomodos, hipocresía. Hay mucha gente arribista, en todos los niveles de la sociedad nos educaron para competir y no compartir, a lo mucho dar limosna o lo que nos sobra, por eso esa justicia señal de la rectitud de tu actuar en todo y con todo no se manifiesta en tus hijos e hijas. Siento tu amor y perdón, me cuesta verlo en la sociedad y en la misma Iglesia que me pide sumisión y orden. Creo Señor, pero aumenta mi fe, es mi petición de años y en este adviento la siento con más necesidad. Te he fallado, muchos jóvenes te buscan, pero sus intereses y motivaciones son los de cualquier joven ¿cómo sacar más Carlos Acutis o Giorgio Frassati? Jóvenes auténticos por dejar una huella y no ser del montón. Soy Fabricio, soy diferente, pero me canso.

Tú fuiste sorprendente, al manifestarte en la ternura de un niño tierno en una cueva o establo. Pero, fuiste más sorprenderte en la ternura y confianza del abandonado al misterio de la vida y el amor en la Cruz de la liberación. Tu discreción fue una estrategia de amor para manifestar la fuerza de la vida, como la bella flor o la transformación de la oruga en la mariposa que puede volar.

Adviento me sigue señalando la espera como virtud. ¿Podré decir como el poeta?: “Te estoy esperando amor, aunque tu ausencia me hiela…Te estoy esperando Cielo en la puerta de mi tienda, envuelta en el verde manto de mi Esperanza incierta. Te estoy esperando esposa, por si llegas a mi cerca. Aunque la noche oscura, yo te aguardaré despierto”.     

 

PARA PENSAR

¿Por qué no son sostenibles las relaciones humanas?
Por nuestra fragilidad y ceguera, cuando no ideología.

¿CÓMO LOGRAR RELACIONES SANAS Y SOSTENIBLES?
Cuando actúo por simple humanidad como nos lo recuerda la navidad

¿PODREMOS ESPERAR A PESAR DE TODO?
Te espero envuelto en el verde manto de mi esperanza incierta



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