Alrededor del malhadado juicio de lesa humanidad para santificar la conducta de un grupo de delincuentes dedicados a secuestrar, asesinar, robar, extorsionar y aterrorizar, con la burda excusa de luchar “contra el gobierno oligárquico y entregado al capitalismo”, lo que en realidad se busca es demonizar la firmeza de la lucha librada por el régimen de entonces (1984-1988) para acabar prontamente con ese mal, evitando que los ecuatorianos sean víctimas de sus violentas garras. Transcurrieron así unos 20 años de paz total en esa materia. No se decía solo internamente, también se escuchaba igual en el exterior: “Ecuador es una isla de paz”. Pero, ¿cuándo perdió esa condición?
La historia revela los hechos que han sido determinantes para que Ecuador hoy esté entre los países más violentos, peligrosos e inseguros. Políticas populistas extremas se pusieron en marcha. Junto a la integración de ex miembros de Alfaro Vive Carajo a instancias gubernamentales, el país conocía, por públicas declaraciones, que la organización terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), devenida en organización narco criminal, había entregado ayuda económica para la campaña electoral del grupo político triunfante. Agréguense unos pocos y significativos ejemplos: el “hospedaje” otorgado a las FARC para descanso, avituallamiento y adoctrinamiento que terminó con el bombardeo de Angostura; la “ciudadanía universal” para ingresar al Ecuador sin visa; la vergonzosa narco valija descubierta en Italia; el acuerdo con los pandilleros; el caso omiso a la advertencia de no autorizar la tabla de consumo de drogas porque derivaría al principio en micro y luego en macro tráfico, incluyendo la creación de territorios; la vista gorda para el desarrollo de la minería ilegal; las leyes favorables para los delincuentes; la no renovación del convenio de cooperación antidrogas con los Estados Unidos en Manta; la designación de ministros de Defensa en personas declaradas enemigas de las Fuerzas Armadas.
Insólito es saber que se acuse de crímenes de lesa humanidad a quienes tuvieron la entereza de enfrentar al delito, vencerlo y asegurar la paz de los ecuatorianos. Y más aún, es que quienes son los responsables de la tragedia actual paseen con desparpajo su impunidad, a la vista de todos y recibiendo el aplauso y respaldo de muchos, e inclusive buscando nuevamente hacerse del primer poder de la república.
Tener presente las causas que han colocado al Ecuador en situación tan difícil en materia de seguridad ciudadana no es opcional, es obligatorio.
