Guayaquil, tuvo su génesis en el Barrio de Las Peñas, cerca del “cerrito Verde” y fue allí donde esta ciudad que parecía condenada a desaparecer por la inclemencia del tiempo, las invasiones de los piratas, los incendios, sacó fuerza de su debilidad y, poco a poco, fue extendiéndose hasta convertirse en el “Pórtico de Oro” de la Ecuatorianidad.
Se ingresa al Barrio de las Peñas por una angosta callejuela empedrada que se retuerce al momento de tocar La Planchada, antiguo fuerte desde donde se defendía la ciudad de las invasiones piratas. En la actualidad la antigua Planchada constituye un rectángulo de aproximadamente cuarenta metros. En el centro del mismo se encuentra un cañón del siglo 18, de aquellos que se cargaba por la boca y se disparaba prendiendo la mecha que existía en la parte posterior. La Planchada fue refaccionada por los años 60, pero se lo hizo con evidente desconocimiento de lo que significa reconstruir un sitio antíguo, pues en lugar de colocar piedras en sus paredes y pequeñas almenas, se pusieron lajas pétricas al estilo norteamericano moderno. Eso fue un evidente desatino.
Al lado de la Planchada se encuentra una casa de quincha y cuyo primitivo color fue celeste claro sobre el cual se pintó de ocre. Esta casa, fue amplia y acogedora, y hoy, solo es un recuerdo de lo que fue. Contigua a la casa que acabamos de describir, existe una construcción que inicialmente es un piso, y, a mediados que gana la gradiente de la orilla, se convierte en edificación de dos pisos. Allí vivió Antonio Neumane, el autor del Himno Nacional y es tradición que una tarde, el profesor Neumane recibió la visita del Crnel. Martínez Pallares, edecán de García Moreno, quien le exigió le entregara la música del Himno Nacional, Neumane en unión de su hija Adelaida comenzó a transcribir los primeros compases y así entre el murmullo de las olas y las sirenas de los barcos se comenzaron a oír las gloriosas notas de nuestro Himno. 20 metros más adelante y en la acera del frente, existe en la actualidad una construcción de dos pisos que lleva una placa conmemorativa indicadora de que en ese lugar vivió el ex-presidente Alfredo Baquerizo Moreno. En una casa de estructura de manera colocada a la izquierda de la anterior, existe otra pequeña que nos señala la vivencia de otro ex-Presidente, José Luis Tamayo. Vecina de la anterior, una edificación de quincha nos señala que fue morada de Carlos Arroyo del Río, mandatario ecuatoriano.
Si quisiéramos singularizar por algo al Barrio de las Peñas diríamos que recorriendo su calle empedrada y retorcida echamos un vistazo a la historia política y social de nuestra Patria, pues allí habitaron magistrados, músicos, poetas y comerciantes de tal manera que fue un rincón de la ciudad donde está cantaba y contaba y entremezclaba las anotaciones en el libro mayor del cacao de “arriba” con las proclamas políticas o las cadenciosas notas de la música vernácula y extranjera.
Al final de la calle se encuentra la Cervecería, primer gran establecimiento industrial, fundado por Norton, norteamericano que viniera al país acompañado de Harman, el constructor del Ferrocarril del Sur.
Las Peñas es un lugar donde parece haberse detenido el tiempo; donde el hálito del Guayaquil antiguo, de aquel del 6 de marzo y 5 de junio se ha quedado impregnado para siempre en los grandes balcones florecidos o en los pequeños adoquines que cubren la calzada. Es un barrio con calma, con estilo propio y que nos permite a los guayaquileños de hoy conocer algo de lo que fue el Guayaquil del pasado.
