Este año, por primera vez, pude estar en la Feria del Libro de Guadalajara, definitivamente la más importante de habla hispana a nivel mundial. En esta ocasión, 2025, fue Barcelona la ciudad invitada y, gracias a ello, me reencontré con una vieja amiga guayaquileña que hace 14 años abrió en Barcelona su casa editorial llamada YEKIBUD, palabra persa equivalente a nuestro “Érase una vez”.
De YEKIBUD salen libros creativos, visualmente muy ricos y bien elaborados. Victoria Pazmiño, la editora y además diseñadora gráfica, me mostró con pasión cada uno de ellos, poniendo en evidencia su pasión por cada proyecto del que no se le escapa ni una coma y mucho menos un trazo. En la feria, Victoria recogió también nuevos proyectos, aquellos que le llaman, que le dicen algo y con los que conecta. Si no hay ese clic, simplemente no los toma.
Recorrer la feria me permitió apreciar la oferta literaria, pero también las destrezas de los diseñadores editoriales, fotógrafos e ilustradores que cada día se enfrentan al reto de coquetear con un público más cercano a las pantallas digitales que al papel. Un reto muy difícil, pero en un país donde los jóvenes son el grupo que más lee, se siente muy satisfactorio. Según datos del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México), el 69.6% de la población lee algún material, con una caída desde 2015, pero con una fuerte presencia juvenil. De acuerdo con el Módulo sobre Lectura (MOLEC), de los jóvenes entre 12 y 24 años el 89.1% lee, adoptando formatos digitales (Internet, blogs) junto con libros. Eso explica la presencia de tantos chicos y chicas caminando por los pasillos de la feria y comprando libros como si de un producto de moda se tratara. Ver ese escenario me resultó emocionante y esperanzador.

El stand de Chile se impuso como el mejor diseñado y el de Colombia como mejor diseño sustentable. El de Ecuador, ante todo sencillo, exponía la obra “Poesía cabreada”, antología con 90 poetas de trece países, y otros libros de autores ecuatorianos. Con pesar debo decir que no me pareció atractivo comparado con la oferta de otros países. En especial la literatura infantil y juvenil. Y hago énfasis en ese grupo objetivo, pues tuve la oportunidad de reflexionar mucho con Victoria sobre esto.
En una entrevista realizada en septiembre de este año por el diario El País de España, Victoria resalta la importancia de la literatura infantil. Por eso editó la colección “Filonimal” de la escritora y profesora francesa Alice Brière-Haquet. En 11 libros desfilan pensadores como Hobbes, Kant, Diógenes o Heidegger y, con ellos, se rompe la idea de que el pensamiento crítico es algo complicado o fuera del alcance de niñas, niños y adolescentes. Victoria, con detalle, buen gusto, mente clara y mucha dedicación, lleva publicados cuatro libros de esta colección.
Estos pequeños libros buscan ser una puerta para abrir conversaciones entre adultos y niñas y niños. Son textos sencillos y cercanos, pero también profundos; por eso no están hechos para leerse en solitario: invitan a acompañar, a preguntar y a preguntarse. Lo ideal no es que mamás, papás o personas adultas den “la respuesta correcta”, sino que se animen a habitar la duda, a decir “no lo sé” y a explorar juntos. Esa búsqueda compartida puede ser enriquecedora y hasta divertida para todos.
Victoria explica que a veces la comprensión no llega como una idea clara, sino como una sensación en el cuerpo, algo que se siente antes de poder decirse. Sobre todo cuando somos pequeños, eso es muy intenso. Con el tiempo, la vida nos va mostrando el sentido de lo que hemos leído, conversado, mirado, soñado o jugado. Y de pronto, un día, aparece ese momento de claridad: “Ah… era esto”.
La experiencia de la FIL para mí fue única gracias a este encuentro con una guayaquileña que por más de una década ha buscado un camino complejo en una ciudad llena de producción editorial, como es Barcelona. Me entristeció saber que ningún contacto de librerías guayaquileñas le respondió cuando intentó contactarlos para llevar los libros a nuestra ciudad. Tampoco lo hizo un importante medio de comunicación cuando les avisé que nuestra ciudad estaría presente a través de ella con productos literarios exquisitamente diseñados para niños, niñas y adolescentes.
Se puede decir que Victoria cuida la historia que se cuenta a través del diseño, forma, tamaño, color, textura, tipo de encuadernación, papel, tipografía y demás detalles que tiene un libro. Porque, para ella, leemos con todo el cuerpo. Los ojos, las manos y hasta el olfato van registrando, ordenando e integrando lo que ese objeto-libro nos ofrece. Cuando no hay coherencia entre contenido y forma, se pierde fuerza, el mensaje no llega igual, pues cada detalle comunica algo y suma a la experiencia.
Si tan solo volviéramos a mirar un libro con todos los sentidos. Si compartiéramos con las niñas y los niños la oportunidad de hacerse preguntas, y si quienes diseñamos pusiéramos en sus manos toda nuestra creatividad, seguramente algo nuevo empezaría a gestarse en ellos. Ese es el mensaje con el que me quedé después de esos días junto a Victoria en la FIL, y por eso quise traerlo a este espacio: con la esperanza de que volvamos a entregar a las nuevas generaciones lo mejor de nuestro hacer creativo. Para que, cuando crezcan, cuenten nuevas historias, se hagan preguntas distintas, encuentren otras respuestas y, quizá, solo quizá, podamos cambiar un poco la realidad de nuestro país. Porque un libro transforma, pero un libro bien diseñado transforma el doble.

Lindo reportaje donde resalta, el espíritu de Vicky en creatividad y diseño artístico, me encanto Connie, el encuentro con ella¡ Felicitaciones!!!