Era el gobierno del presidente León Febres-Cordero. Habían pasado los cinco años y medio del gobierno del Dr. Oswaldo Hurtado. Imperaba en el Ecuador un gobierno totalmente centralista, posteriormente perfeccionado por el Dr. Rodrigo Borja. Al extremo que, para hacer pipí en un SS.HH. público en Guayaquil, había que pedir permiso en el Ministerio de Bienestar Social en Quito.
Las obras públicas se licitaban y se seleccionaba a los posibles adjudicatarios en la ciudad de Quito. El Comité de Licitaciones daba un presupuesto tentativo del costo de la obra, costo que podía tener un margen del 10% de dicho valor, para arriba o para abajo. Las empresas quiteñas presentaban varias ofertas con distintos valores y nombres, pero pertenecían al mismo grupo empresarial, de suerte que ganaban la mayoría de las licitaciones.
El Ing. León Febres-Cordero dictó un decreto en el cual las obras que requería cada provincia se licitaban y se adjudicaban a los concursantes en cada provincia beneficiaria de tal obra pública. De esa manera se eliminó parcialmente el centralismo en aquella época.
Posteriormente, el Arq. Sixto Durán Ballén, en su campaña electoral, ofreció la descentralización del país en su gobierno. Tan pronto fue presidente, inició su plan de descentralización de ciertas obras o servicios públicos. Por ejemplo, llamó a licitación a las empresas privadas para entregarles la administración de los silos, que se encontraban dañados y casi abandonados en el lugar donde se levantaron, que de paso no era un sector apto para la siembra de arroz. Los interesados gastaron en arreglarlos para ponerlos a funcionar, pero también tenían que llevar el arroz en cáscara, comprarlo y luego transportarlo en camiones hasta el lugar de su consumo.
Con este fracaso inicial, el Arq. Durán Ballén se olvidó de su plan de descentralización que ofreció en su campaña.
La Constitución vigente (2008) fue calificada de hiperpresidencialista, de suerte que el expresidente Correa manejaba las cinco funciones que creó en dicha Constitución Política, y el centralismo volvió a ser la nota característica de su gobierno.
El presidente Noboa Azín consultó al pueblo ecuatoriano, hace pocas semanas, sobre la posibilidad de llamar a una Asamblea Constituyente, con la finalidad de descentralizar al país, pero el pueblo contestó No. No, que posiblemente detrás de dicha respuesta podría interpretarse como “no todavía”.
