12 febrero, 2026

¿Ganó la ignorancia en la consulta?

En la consulta popular del 16 de noviembre de 2025, no ganó una tesis política, ni una visión de país, ni un proyecto alternativo.

En mi opinión, ganó la ignorancia.

Pero no por culpa del pueblo, sino por responsabilidad directa del Gobierno, dueño de la consulta, que jamás explicó con claridad el contenido, el alcance ni las implicaciones de cada pregunta.

Miles de ecuatorianos votaron con una venda en los ojos. Lo advertí antes de la consulta en mi video  Que no es  responsable  votar  con una venda en los ojos y lo reafirmo hoy: un proceso sin información es una trampa disfrazada de participación.

La gente no entendió el significado de las propuestas, ni cómo podían beneficiar al país, ni qué problemas resolvían, ni qué riesgos implicaban.

¿Por qué?

Porque nadie explicó nada: ni los medios, ni los voceros oficiales, ni el propio Presidente se preocuparon por hablarle al país con claridad y con verdad.

A esto se sumaron promesas imprudentes —bonos, anticipos navideños, transferencias— que eran inviables, y que terminaron deteriorando aún más la credibilidad gubernamental.

El anuncio improvisado e inoportuno de trasladar la salud del IESS al Ministerio de Salud Pública que es un mandato del FMI espantó a miles de trabajadores y jubilados. Esos votos también se perdieron por falta de pedagogía, transparencia y estrategia.

La gente nunca recibió una explicación seria de qué beneficios concretos traía cada pregunta ni qué ocurriría si todo seguía igual.

El Gobierno confió ingenuamente en que el pueblo “entendía” el fondo de sus propuestas y se aferró a encuestas falsarias que alimentaron una burbuja de confianza sin sustento.

Peor aún: el presidente delegó la estrategia a un equipo de asesores rodeado de infiltrados políticos, muchos de ellos provenientes del correísmo o alineados con intereses contrarios al Gobierno.

La administración pública también está atravesada por esa infiltración, que actúa con la frialdad de quien espera el fracaso del proceso para capitalizarlo después.

Mientras tanto, la oposición sí trabajó: desde el paro de Imbabura, operan unidos, financiados, organizados, y con una maquinaria de desinformación que actuó sin freno.

Sembraron miedo: que iban a privatizar la salud, la seguridad social, las áreas estratégicas, los servicios básicos; que subiría el gas; que le quitarían los décimos; que votar “Sí” era firmar un cheque en blanco para instaurar la reelección indefinida.

Y nadie —nadie— salió a desmentirlo con firmeza.

Las fake news circularon como verdad revelada, mientras el Gobierno se mantuvo en silencio, confiado en que la gente “comprendería”.

La política nunca premia el silencio.

Después del revés electoral, el vacío de información sigue intacto. El país aún espera que alguien diga qué viene ahora, cómo se gobierna después de la derrota y cuál es la hoja de ruta.

Señor presidente: salga, dé la cara y explíquele al país, con claridad y sin rodeos, que sí se puede gobernar sin Constituyente.
Explique qué viene, cómo se recupera el rumbo y cómo se evitan nuevas derrotas.

Porque la verdad dicha con valentía, frente al pueblo y sin intermediarios, vale más que mil campañas costosas o discursos elaborados desde un escritorio.
La comunicación directa es poder.
Ignorar al pueblo es el camino más seguro hacia el fracaso.

Las derrotas, incluso las más duras, son oportunidades de cambio estructural, si se las asume con humildad, honestidad y liderazgo real.

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