LA ORACION NO ES FACIL– La oración no es fácil; hay que ejercitarse en ella largo tiempo, con paciencia, pasar por las dificultades de las distracciones o por la experiencia del «silencio de Dios», antes de recoger los frutos. Este tiempo diario en que nos ponemos a la escucha de la voz de Dios, en el silencio de nuestra habitación o en lugar retirado, este espacio para Dios…ilumina nuestra jornada? Cambia nuestras actitudes, nuestras relaciones con los otros? La riqueza que nos ofrece nuestra comunión a través de la oración nos ayuda a sentir mejor que formamos parte de la gran familia aún dentro de misma Iglesia?
ABRAMOS NUESTRO CORAZON-hermanos y hermanas en Cristo Jesús, abramos más y más nuestros corazones y dejémosle a Dios que obre en nosotros. Pidamos a San Juan Bautista de La Salle para que nos ayude a ser cada vez más dóciles al Espíritu y a entrar más en el plan de Dios. Y no olvidemos a María, Madre Dios y de la Iglesia, que en una vida toda de abnegación y de amor nos ha enseñado el Camino.
ANOTACIONES SOBRE LA ORACIÓN
1. Las preguntas en cuanto a la duración de tiempo no tienen respuesta standard. Pero es difícil aceptar que sean menos de diez a quince minutos. Entrar en la oración ya pide tiempo; hay que, luego, «permanecer» con el señor.
Varios prolongan la meditación durante el día tomando por ejemplo algunos minutos en lugar retirado (capilla, sala tranquila). Uno de nosotros explica que después de su tiempo dedicado a la oración, toma su coche y que entonces el Espíritu le inspira cantar un canto «que pega» perfectamente con el sentido de su oración. Se trata de esto: que a partir de un tiempo dedicado a la oración, el día entero se haga oración.
2. Alguno encuentra nuestros textos demasiado cortos. Preguntamos a San Ignacio de Loyola «especialista» del ramo: «No es, en efecto, saber mucho lo que satisface al alma, sino sentir y gustar las cosas interiormente»
3. Cuando nos sentimos cansados. Oigamos a Santa Teresita de Lisieux:
«Algunas veces cuando mi espíritu está en gran sequedad, que me es imposible encontrar un pensamiento que me una a Dios, entonces recito muy lentamente un «Padre Nuestro» y luego la salutación angélica. Y estas oraciones me reavivan.
Y alimentan mi alma mucho mejor que si las hubiera recitado una centena de veces»
4. Cuando encontramos la oración «larga»». Oigamos a San Juan Bta. de La Salle: «Ud. se inquieta porque la oración es demasiado larga…Ah, mi Hermano, la oración es el sostén del alma…y querría Ud. descuidarla?.
Tomado del Boletín Lasallano
