12 febrero, 2026

¡Poderosos, honorables, soberanos e insolventes!

Los ecuatorianos permanecemos en lo más profundo de una fosa cavada por Montecristi 2008. Entretanto, el país se mantiene en una polarización sesgada de especulaciones sobre el camino de la reivindicación institucional, pero sin visos de un acuerdo en pro del establecimiento de un verdadero Estado de derecho, eje de un crecimiento económico sin el cual jamás habrá redención social para el pueblo. En esa línea, el éxito de una negociación implicaría un acuerdo entre dos o más entes racionales. 

El correísmo demostró ya su capacidad ejecutiva, y a pesar de los extraordinarios ingresos petroleros, todo se fue por la borda y a los bolsillos de ciertos revolucionarios ciudadanos. Retórica aparte, si fuese nuevamente gobierno, probablemente su gestión derivaría en mayores pérdidas. Su experticia es desvalijar, no gobernar. Este correísmo, en contraparte al poder de Noboa, compite en representatividad legislativa. ¿Calificaría Correa para ser parte de una concertación cuando nuestro himno no es su himno? Este Gobierno, empero, más allá de la desconexión entre sus postulados y sus expectantes resultados, tampoco se ha graduado de ecuanimidad política, pulcritud en sus tesis y rectitud ante el erario.

El desafío estaría marcado por una tercera vía rubricada con racionalidad y “recia contextura nacional”. ¿Qué faltaría entonces para que los agentes del sistema político actúen racionalmente, rompan las cadenas del impasse, procuren una institucionalidad generalizada y se sometan al debido proceso? Solvencia gesticular.

1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

×