Pongamos en contexto el tema de la derrota del referéndum/consulta del 16 de noviembre de 2025.
No es el fin del mundo. Sí hay salidas
La pérdida de una batalla con el resultado del referéndum del 16 de noviembre de 2025 no es la derrota de una guerra ni es la hora de mirar al pasado y buscar más culpables en sus antecesores, porque gran parte está en su entorno. Hagamos mea culpa y analicemos los factores críticos.
a) Humildad política y límites del poder Ejecutivo
El analista Gonzalo Ortiz señala que la victoria del “No” es una “lección de humildad para el Gobierno” (Primicias).
Intentar reformas tan ambiciosas —bases militares extranjeras, nueva Constitución, reducción de legisladores— sin un consenso amplio puede generar rechazo social. Es un recordatorio de que la legitimidad no solo se construye desde arriba, sino con el respaldo de la ciudadanía.
b) Evaluar mejor la estrategia comunicativa
Parte del rechazo, por ejemplo, al tema de las bases militares —especialmente la mención de Galápagos— podría deberse a un “error estratégico” al subestimar la sensibilidad histórica y soberana de los ecuatorianos (Primicias).
Esto sugiere que el gobierno debería trabajar más en explicar sus propuestas, su pertinencia y sus límites, para evitar que sean vistas como meras concentraciones de poder.
c) Priorizar gestión más que concentración institucional
Si las reformas propuestas buscaban modernizar el Estado y fortalecer la justicia, puede seguir por ese camino, pero con medidas más modestas y graduales, construidas de manera participativa.
Si, por otro lado, el objetivo era centralizar el poder judicial o debilitar los contrapesos, la derrota indica que la ciudadanía no está dispuesta a sacrificar su poder de control.
d) Reforzar la institucionalidad sin caer en caudillismo
Como bien dijiste: si la reforma constitucional buscaba abrir la puerta a un poder personalista —por ejemplo, reelección indefinida o debilitamiento de controles—, la derrota puede servir como advertencia.
Debe respetarse el equilibrio de poderes para que no se repitan dinámicas propias del caudillismo. El reto está en gobernar con fortaleza, pero dentro del marco institucional.
e) Foco en lo concreto: seguridad, pobreza y corrupción
La motivación oficial para muchas de estas reformas era la lucha contra el crimen organizado y el fortalecimiento institucional. Pero la ciudadanía parece no haber confiado completamente en que una nueva Constitución o bases militares resolverían esos problemas.
Una lección es volver a las políticas más tangibles: mejoras en seguridad, justicia, prevención y desarrollo social. Es probable que muchos votantes valoren más los resultados concretos que las grandes reformas estructurales.
Lecciones para la oposición y la ciudadanía
a) Poder ciudadano como freno efectivo
El referéndum demostró que la ciudadanía puede frenar reformas que considera peligrosas para la democracia o la soberanía. Esto refuerza la idea de que la participación popular —votar “No”— es una herramienta de control real.
La oposición y grupos sociales —indígenas, académicos, activistas— han logrado articular un mensaje claro sobre los riesgos de algunas propuestas.
b) Importancia de argumentar sobre soberanía y derechos
El rechazo masivo a las bases militares extranjeras evidencia que la soberanía sigue siendo un valor muy fuerte para muchos ecuatorianos. También se reflejó en otras preguntas referendarias.
La oposición puede usar este episodio para proponer alternativas de seguridad legítimas —no basadas en concesiones de soberanía—, lo cual puede unir a amplios sectores de la sociedad.
c) Construir propuestas propias de reforma
No basta con decir “no”: la oposición debe tener un proyecto alternativo de cambio institucional, uno más participativo y que garantice justicia, transparencia y representación.
Se debe trabajar por reformas constitucionales o institucionales más inclusivas y legítimas, que no parezcan solo un instrumento de poder, sino una oportunidad de renovación real.
Lecciones para el país (visión nacional)
a) Maduración democrática
Que una parte significativa de la población rechace cambios tan radicales demuestra que Ecuador está desarrollando una cultura democrática más madura: no todo impulso de reforma se acepta sin escrutinio.
Esto fortalece las instituciones: una ciudadanía vigilante y crítica es un pilar esencial para la democracia.
b) Equilibrio entre seguridad y derechos
La crisis de violencia y crimen organizado justificó muchas de las propuestas de Noboa, pero la ciudadanía parece no querer que eso vaya acompañado de la renuncia a derechos fundamentales.
El país debe buscar un balance: seguridad efectiva y un Estado fuerte, pero controlado, con mecanismos de rendición de cuentas.
c) Revalorar la participación política
Este referéndum sirve para recordar que los procesos institucionales —como consultas populares— son fundamentales. No solo son mecanismos para impulsar reformas, sino también para frenar proyectos que potencialmente pueden dañar la democracia.
La participación ciudadana organizada, informada y activa debe seguir creciendo: como medio de control y también de propuestas.
d) Riesgos del poder concentrado
El intento de convocar una Constituyente o reformar ampliamente la Constitución siempre conlleva riesgos: concentración de poder y debilitamiento de contrapesos. La derrota detiene momentáneamente ese riesgo.
El país puede aprovechar este momento para fortalecer otros espacios: legislativo, judicial, sociedad civil y medios de comunicación.
Reflexión final
“Si el propósito era modernizar el Estado” es válido: no todas las reformas son malas por sí mismas, y muchas pueden beneficiar al país si se diseñan bien y con legitimidad.
Pero también hay razón en alertar sobre la concentración de poder: la historia latinoamericana está llena de ejemplos donde reformas constitucionales han sido la puerta para el autoritarismo o el caudillismo.
Por tanto, la derrota de Noboa en este referéndum puede verse como una oportunidad para reconducir: no abandonar la idea de transformación, pero replantearla de forma más democrática, inclusiva y con controles fuertes, y con más comunicación directa en territorio con el pueblo; con menos sometimiento al FMI y desterrando la idea descabellada de quitar el sistema de salud al IESS para transferirlo al MSP, produciendo más crisis en el acceso a la prestación.
