20 enero, 2026

El Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 y su importancia en el Derecho Internacional Americano

Hace pocos días, asistí invitado por las autoridades del Museo Municipal, a dictar una conferencia en la cual también participó el Dr. Magno Marriott, reconocido historiador, con la finalidad de exponer la importancia del Congreso de Panamá de 1826 y su influencia en el Derecho Internacional Americano.

Mencioné que, Simón Bolívar, el genial caraqueño para quien “La patria era América”, fue uno de los primeros en percatarse de la identidad racial, cultural e histórica de esa “nación de repúblicas” que ocupa el continente Americano desde el río Grande hasta el estrecho de Magallanes. Es cierto, que antes de Bolivar existieron visionarios que hicieron notar esta realidad como, por ejemplo los condes de Arana y Florida Blanca, Ministros de Carlos III que de manera profética, advirtieron al rey católico de la necesidad de formar en América Española, tres grandes reinos, única forma de frenar el poderío de las trece colonias norteamericanas que, con el correr del tiempo, trataron de expandir su hegemonía en estas tierras.

Es cierto, también, que el precursor Miranda soñó con un solo Estado Hispanoamericano, y que el argentino Bernardo de Monteagudo laboró en el mismo sentido. Más es indudable que el pensamiento bolivariano encontramos estructurada perfectamente la idea, y que fue libertador un abanderado de ella. 

A fines de 1824, Bolívar quedó convencido de que podía convocarse el Congreso de Panamá. Escoge el istmo de Panamá porque pensó que sería para nosotros lo que el de Corinto para los griegos.

El 7 de diciembre de 1824, Bolívar envía la convocatoria para circular en los diversos gobiernos, manifestando que el congreso estaba destinado a formar una liga y que esta liga estaba igualmente destinada a elaborar un código de normas de Derecho Público, de aplicación universal.

El código estaría basado en los siguientes principios:

  1. De igualdad jurídica de todos los Estados.
  2. Respetar la soberanía e independencia de las naciones.
  3. Todas las naciones estarían ligadas por una ley común que regulara sus Relaciones Exteriores y les ofreciera la autoridad en una Asamblea General permanente. 
  4. El concurso de todas las naciones para acudir en auxilio de una nación agredida.

Las invitaciones fueron remitidas a los gobiernos de Buenos Aires, México, Colombia, Centroamérica, Brasil y Chile. A pedido del vicepresidente Santander, también se invitó a Inglaterra y a los Estados Unidos.

Lamentablemente no todos los Estados invitados asistieron: Chile no pudo asistir; Buenos Aires se excusó; Estados Unidos, si bien aceptó, su delegado llegó al final de las sesiones; y Brasil simplemente no asistió. Si asistieron, Colombia con su Canciller Pedro Gual; el gobierno inglés asistió mediante un representante al igual que Perú, Guatemala y México.

La Asamblea se efectuó el 22 de junio de 1826, habiéndose celebrado nueve sesiones. Para el 15 de julio de 1826 ya se tenía listo el tratado de Unión y Confederación Perpetua, que contenía normas de gran trascendencia como la conciliación, el arbitraje para la solución pacífica de las controversias; y el compromiso a defender la integridad de sus territorios.

También se insertaron otras disposiciones como los ciudadanos de una de las partes contratante podían nacionalizar en cualquiera de las demás partes; la condenación y prohibición del tráfico de esclavos; y, lo que es muy significativo, la promesa de que se reunirían a la brevedad posible para realizar otra conferencia destinada exclusivamente a acordar normas y principios en tiempos de guerra o en tiempos de paz.

Lamentablemente, la Asamblea no produjo los resultados que había previsto Bolívar por la falta de comprensión de ciertos gobiernos, el egoísmo y la suspicacia nacionalistas que crearon rivalidades entre ellas.

Muerto Bolívar, de ideal de unidad sufrió el combate de las grandes potencias mancomunadas en su afán de fraccionar la región en débiles repúblicas incapaces de soportar la presión qué sobre ellas se ejercía.

Bolívar, «el hijo de Colombia y Marte”, como lo llamaba nuestro ilustre Olmedo, comprendió la necesidad de las Convenciones Internacionales y promovió el Congreso de Panamá, el mismo que fracasó por la cicatería de algunos países del continente. Alfaro “el general de las mil derrotas”, como lo llamaban despectivamente sus adversarios, retomó la idea y propuso a través de su ministro de Relaciones Exteriores la conformación de un Congreso de Naciones Americanas. Es verdad que no logró su propósito, por la envidia que despertó en algunas repúblicas esa generosa iniciativa.

Sin embargo, el Congreso de Panamá es el antecedente del Derecho Internacional Americano. Que es el conjunto de instituciones, principios, reglas, doctrinas, convenciones, costumbres en el dominio de las relaciones internacionales que son peculiares a las Repúblicas Americanas. 

Esta fueron muchas de las razones que me impulsaron a estar en esta mesa redonda con el Dr. Marriott. Soy optimista y tengo la esperanza de que llegará un día en que la razón se imponga y la buena voluntad impere y que siempre pese a los avatares, termine por imponerse el bien común como norma para todos los poderes del mundo.


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