No cabe otra expresión en un Ecuador donde la ilegalidad se ha convertido en un estándar. En forma sigilosa se creó un complejo entramado jurídico en el que han participado diferentes instituciones del Estado para perjudicar a centenares de personas del dinero que les corresponde. Me refiero al pago de decena de millones de dólares a un par de profesionales sin que ellas hallan convocado a todos los accionistas del Banco de Descuento para informarles de la sentencia y proceder a repartir los valores recibidos entre los legítimos dueños. El sistema judicial ecuatoriano tiene la obligación legal y moral de terminar con el abuso. Se ha cancelado el valor del edificio del Banco de Descuento que había sido arbitrariamente despojado hace cuarenta años y el dinero recibido le pertenece a cada uno de los accionistas de acuerdo a la cantidad de acciones al momento del cierre de la citada institución financiera.
Inexplicablemente esta escandalosa noticia no ha llegado a la prensa y no es posible que personas que necesitan dinero para curar sus enfermedades y otras que lo requieren por no encontrarse en buena situación económica, sean espectadores de un reparto ilícito cuando son sus legítimos dueños. Conozco a accionistas que han recibido “ofertas” de aceptar porcentajes irrisorios y a otros le han informado que no recibirán nada.
Hasta cuando Ecuador va a seguir permitiendo fraudes y demás delitos que diariamente se viven y nos tienen en la situación en que estamos. En nuestra patria los que cometen ilícitos son los que se pavonean. A ese extremo hemos llegado. Jamás soñé que posiblemente siendo mi última década de vida, tengo 80 años, viviría y terminaría mi existencia en un país como hoy es Ecuador.

tu artículo me ha hecho recordar la lectura de las Catilinarias en clase de latín en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, que empieza así «¿Quosque tandem Catilina abutere Patientia nostra…?» -¿ Hasta cuándo Catilina abusarás de nuestra paciencia? – que aquí es el colectivo de la narco delincuencia dirigida desde Bélgica vía México y todo el entramado jurídico de la peor década del Ecuador que lo ampara.