15 diciembre, 2025

¿Neoconstitucionalismo sin constituyente?

La derrota del Sí el 16 de noviembre de 2025 cerró —al menos por ahora— la puerta a un rediseño integral del Estado ecuatoriano. Pero abrió otra discusión más profunda: ¿el problema es la Constitución o quienes deben cumplirla?

Ecuador vive una paradoja jurídica:

  • Tiene una de las constituciones más garantistas del mundo (322 derechos reconocidos, aunque ustedes no lo crean).

  • Pero es uno de los países con menor efectividad en su cumplimiento práctico.

Esta brecha invita a pensar que el texto no es la falla central, sino el sistema institucional encargado de operarlo. Y ahí emergen tres niveles del problema: modelo constitucional, operadores de justicia y gobernanza política.

 

1. ¿ES NECESARIO EL NEOCONSTITUCIONALISMO?

El neoconstitucionalismo plantea que la Constitución debe ser norma viva, de aplicación directa, con jueces capaces de garantizar derechos incluso contra el poder político.

En teoría, Ecuador ya abrazó ese modelo desde 2008:

  • Control constitucional fuerte.

  • Aplicación directa de derechos.

  • Justicia constitucional por encima de la legalidad ordinaria.

  • Acciones de protección y garantías inmediatas.

El problema no es el modelo, sino su inconsecuencia práctica:

  • Garantías convertidas en “servicios” manipulables.

  • Sentencias sin ejecución real.

  • Falta de independencia judicial.

  • Corte Constitucional a veces actuando bajo coyunturas políticas.

Por eso, “volver al neoconstitucionalismo” no significa cambiar de Constitución, sino volver a tomarse en serio la Constitución.

 

2. ¿FALLA LA CONSTITUCIÓN O FALLAN LOS OPERADORES?

La experiencia ecuatoriana —y mi experiencia en el ejercicio profesional del Derecho, mis investigaciones y el estudio de jurisprudencia de otras constituciones de la región— muestra que los operadores de justicia (jueces, fiscales, contralores e incluso organismos electorales) tienen una debilidad estructural:

  1. Cooptación política.

  2. Falta de mérito y profesionalización.

  3. Presiones externas.

  4. Corrupción en ciertos niveles.

  5. Rotación institucional que impide estabilidad.

Por eso, aunque el texto sea excelente, el resultado es pobre.

Esto explica por qué muchos países con constituciones menos avanzadas que la del Ecuador funcionan mejor: la práctica supera al texto.
En Ecuador ocurre lo contrario: el texto supera a la práctica.

 

3. ¿SE DEBE INSISTIR EN UNA ASAMBLEA CONSTITUYENTE?

Tras la derrota, insistir inmediatamente en una Constituyente sería políticamente inviable y una estupidez colectiva.
Además, una nueva Constitución no garantiza soluciones si los operadores son los mismos.

Históricamente, las Constituyentes ecuatorianas han sido:

  • Respuestas a crisis, no procesos de construcción institucional.

  • Espacios para reordenar el poder, no para garantizar derechos.

El verdadero desafío es institucional, no necesariamente constitucional.

 

4. ¿QUÉ QUEDA EN EL CAMINO? — LAS VÍAS DE REFORMA

Sin Constituyente, quedan tres caminos:

A. Enmiendas (más fáciles)

  • Ajustes puntuales.

  • No tocan la estructura del Estado.

  • Útiles para corregir errores o clarificar normas.

B. Reformas parciales (más profundas)

  • Requieren referéndum.

  • Pueden modificar la arquitectura institucional sin reemplazarla.

  • Son una vía intermedia entre continuidad y cambio.

C. Reforma judicial estructural (la más necesaria)

  • Evaluación y reestructuración del sistema de justicia.

  • Fortalecimiento de la carrera judicial.

  • Corte Constitucional con criterios técnicos y mayor independencia.

Sin esto, cualquier texto será letra muerta.

 

5. Conclusión: ¿El camino es el neoconstitucionalismo o las reformas?

La respuesta es doble:

1. No hace falta una nueva Constitución.
La actual es suficiente, avanzada y muy garantista.
Lo que falta es voluntad y capacidad para cumplirla.

2. Sí hace falta un nuevo ciclo institucional.
Un neoconstitucionalismo “de segunda generación”:

  • Jueces verdaderamente independientes.

  • Operadores formados en derechos y política pública.

  • Control constitucional efectivo.

  • Cultura de cumplimiento, no solo de proclamación.

3. El camino práctico a corto plazo:

  • Reformas parciales y enmiendas bien diseñadas.

  • Fortalecimiento de justicia, contraloría y fiscalización.

  • Transparencia radical en el ejercicio del poder.

4. El debate Constituyente puede esperar.

Ecuador no necesita otro texto; necesita otro comportamiento institucional y, tal vez, otros actores sociales.
Muchos de los actuales solo generan crisis, caos y se suben a camionetas del triunfalismo sin triunfo.

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