La luz viene de nuevo.
Nos traerá retazos de esperanza
ante las noches
que tomaron el mundo.
Nos traerá
retazos de acogida
ante tanta violencia que nos cerca.
La luz alegrará los corazones
y entonaremos cantos de amor en madrugadas.
La luz conquistará pasadizos oscuros
y llenará de flores
los días grises.
Para el creyente de misa medianamente regular adviento es el tiempo de la esperanza, nos abrimos a nuevo tiempo que nos prepara para la gran llegada: el nacimiento del salvador, quien nos libera de toda ceguera, esclavitud o manipulación y nos enseña autenticidad que es lo mejor de lo humano que debe acontecer en nuestra historia en donde la libertad y el discernimiento inteligente y espiritual de la realidad y de las alternativas nos ayudan a entender el lenguaje del corazón, a abrirnos a la novedad de Dios. En el fondo vivir como hombres y mujeres que han encontrado un sentido a sus vidas y no viven amargados, resentidos, deprimidos, angustiados, Vivimos con esperanza, y para nosotros está claro que la esperanza no defrauda (Rom 5,5)
¿Podremos entender que estos cuatros domingos de advientos nos invitan a vivir despiertos, seguir al Espíritu de la Libertad, porque hay que liberarnos de toda ceguera, esclavitud, buscar reconciliarnos para construir más fraternidad y sobre todo entender que con Dios y en Jesús siempre se puede recomenzar, hasta llegar a la gran noche que nos trae la luz del mundo desde una miserable y oscura cueva, desde los outsider de la sociedad y desde la gente más sencilla de los márgenes de Galilea y no desde el centro del poder. Noche de luz, navidad, que hay que preparar para acogerla. Como la noche de luz de la Pascua de la Resurrección que hay que padecer, ofrecer y acompañar el silencio, soledad y dolor para entender que la vida surge de la muerte y la Resurrección es un renacer al amor, a la verdad y a la justicia.
La esperanza que fomentamos en adviento es una esperanza activa, que nos invita a actos y actitudes concretas de liberar, reconciliar y recomenzar. Donde el primer domingo de adviento nos da la pauta de lo que sigue, para llenar las expectativas de mi corazón, de mi pueblo debo discernir cómo lo recibiré y en dónde lo encontraré: la clave está en entender ese título de HIJO DE HOMBRE, que me dice por tres ocasiones la lectura de este domingo. (Mateo 24: 37-44).
En nuestra mentalidad el Hijo del Hombre es cualquier hombre o a lo mucho un hombre iluminado, pero no el Hijo de Dios que esperamos con poder y gloria que venga a salvarnos. He aquí el gran desafío del adviento: nos señala la humidad, la marginación y la sencillez de un ser humano a quien lo confesaremos como El Dios de la Vida, de la creación y de la historia.
Adviento nos prepara para encontrarnos con Jesús, y encontrarnos con Jesús es comprender que nosotros no hemos inventados a Dios, no es que nuestra razón descubre a Dios, es lo que buscamos, porque nuestra naturaleza lo necesita y lo encontramos porque él se abaja con nosotros y “se hace uno de tantos” –se anonada- para que nosotros tengamos el todo. Adviento son las señales, signos, símbolos de llegar al meeting point: punto de encuentro donde el cielo y la tierra se une, donde la humanidad, desde sus cuatro puntos cardinales convergen. Adviento entonces, tiene dos mensajes claros: la urgencia de tomar en serio la vida, la urgencia de caminar, de no quedarse dormidos, de no atender a lo que no tiene valor. Y, por otro lado, nos da la primera gran revelación de quién es Dios: Dios es el que ilumina, el que ayuda a caminar –el Emanuel- Dios con nosotros, nos acompaña.
La virtud que fomentamos en nuestras liturgias, símbolos de navidad y acciones solidarias es la ESPERANZA, no es resignación, es resistencia. Es el acto de confiar en Dios, mientras se lucha contras las injusticias, violencias e insensibilidades del mundo de hoy. Fomentar la esperanza significa caminar juntos hacia una patria justa y solidaria, donde la fe no sea refugio sino impulso, donde la justicia no sea un privilegio sino un derecho, y en donde la Iglesia realmente sea casa de todos, “hospital de campaña”, “escuela de fraternidad”, testigo del amor de Dios en una historia que, a pesar de sus sombras, siga siendo espacio de acogida, diálogo, acompañamiento para todos.
PARA PENSAR
¿POR QUÉ ADVIENTO ES EL TIEMPO DE LA ESPERANZA?
Porque nos invita a actos, actitudes y acciones concretar de vivir despiertos, liberar, reconciliar y recomenzar.
¿CUÁL ES EL GRAN DESATIO DEL ADVIENTO?
Nos señala la humidad, y la sencillez y nos invita a reconocer a El Dios de la Vida, y de la historia
¿QUÉ MENSAJE DESCUBRO EN ADVIENTO?
Uno, la urgencia de tomarnos en serio la vida, es momento de caminar y de descubrir a Dios, como el Dios que ilumina, acompaña.
