En España encabezaba una férrea dictadura el generalísimo Francisco Franco —“Caudillo de España por la gracia de Dios”— y el dictador Oliveira Salazar en Portugal. La Península Ibérica estaba marginada de Europa; tal es así que se decía que Europa comenzaba o terminaba en los Pirineos.
La herencia de la dictadura era gravísima: 40% de inflación, desempleo en aumento y paralización de las actividades económicas, sumado a una balanza comercial cada vez más desfavorable para España. Igualmente, el control social y la falta de libertades habían dejado en los españoles hondas heridas, difíciles de restañar.
Los principales partidos políticos, sindicatos y otros actores sociales comprendieron la situación, arriaron sus banderas y el 25 de octubre de 1977 se firmó el llamado Pacto de la Moncloa, uno de los hitos más importantes en la historia contemporánea de España. Entre otros, lo firmaron Adolfo Suárez, por el Gobierno; Felipe González, por el Partido Socialista Obrero Español; y Santiago Carrillo, por el Partido Comunista. Fue la primera gran coincidencia de todas las fuerzas políticas, sindicales y sociales. El pacto fue hijo de la necesidad.
El Pacto de la Moncloa se convirtió en un paradigma de diálogo y convivencia democrática. Por primera vez en la historia, la clase política decidió reunirse para dejar de lado sus diferencias más allá de las palabras, promesas e intereses: había que salvar a España después de tanto dolor y miseria durante los 36 años de dictadura.
En Chile, en febrero de 1988 se creó la llamada Concertación, después de 15 años de dictadura militar. Fueron 16 partidos y agrupaciones políticas opositoras al régimen del general Augusto Pinochet, quien gobernaba desde 1973 y había convocado a un plebiscito con la propuesta de mantenerse en el poder hasta 1997. En el plebiscito ganó el “NO”. Tras el triunfo, la Concertación pasó a llamarse Concertación de Partidos por la Democracia, en la que participaron los partidos Demócrata Cristiano, Socialista, Por la Democracia y Radical Socialdemócrata.
El objetivo de esta alianza fue elegir un solo candidato para las elecciones presidenciales de diciembre de 1989, en las que resultaron vencedores. La Concertación se mantuvo en el poder por cuatro períodos presidenciales consecutivos, entre 1990 y 2010.
En nuestro país vivimos tiempos difíciles, asediados por las bandas criminales transnacionales, el narcotráfico, secuestros extorsivos, terrorismo, lavado de dinero, sicariato, etc. El Gobierno se ha visto obligado a decretar el conflicto armado interno y emplear a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional. La ciudadanía, agobiada por la inseguridad y la violencia, demanda del Gobierno seguridad y mano dura contra las bandas criminales que asesinan sin piedad. Asimismo, exige urgentes medidas sociales, fuentes de empleo, medicinas, oportuna atención hospitalaria, etc.
Urgentemente requerimos un Pacto de la Moncloa a la ecuatoriana o, como en Chile, una Concertación de los partidos; es decir, que todas las fuerzas sociales, políticas, trabajadores, obreros, campesinos, gremios de profesionales, estudiantes, etc. arríen sus banderas y se unan para enfrentar el terrible flagelo que sufre nuestra patria. Que el presidente Daniel Noboa haga un gobierno de unidad nacional, convocando a los mejores ciudadanos del país —hombres y mujeres probos, patriotas, honestos y dispuestos a sacrificarse por la patria— y ponga todo su esfuerzo en resolver los problemas más acuciantes que exige el país, especialmente las demandas de los más pobres.
Lo señalado es el deber ser. Pero frente al revés del Gobierno en su convocatoria a referéndum y consulta, los ciudadanos esperábamos grandes cambios en el gabinete. Sin embargo, solo vemos un simple “baile de la silla”.

La verdad ahora que lo menciona: «el baile de la silla»; esto es lo que ocurre.
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