La derrota sufrida en la consulta del domingo 16 es contundente, no ha dejado espacio siquiera para creer que la opinión nacional se halla dividida porcentualmente. Como se ha dicho innúmeras veces, la consulta popular se transforma en un acto plebiscitario y la población vota a favor o en contra del gobierno. Si esto es una verdad, le toca al régimen asumir con absoluta dignidad el pronunciamiento y de inmediato iniciar el camino de la corrección en el manejo nacional, principalmente en los temas que son los más cercanos al pueblo: seguridad ciudadana, salud, empleo, educación, vialidad, IESS, sin descuidar los otros tantos más que son urgentes, a fin de procurar mejores condiciones y calidad de vida a los ecuatorianos.
Difícil es aceptar que una oportunidad otorgada para vivir con más seguridad -atacando más efectivamente al crimen organizado- recibiendo cooperación extranjera, dotada de muy avanzados sistemas de inteligencia, recursos tecnológicos y económicos, que no genera ningún costo para el Ecuador y solo ganancias, se haya desperdiciado, e igualmente haya sucedido en el objetivo de reducir el número de legisladores y eliminar la entrega de dinero estatal para financiar la vida de las organizaciones políticas. Qué decir sobre la ocasión concedida y perdida por decisión popular para escribir una Constitución nueva y abandonar la vigente, confeccionada a la medida del gobernante que la propuso, la escribió y la firmó con objetivo confesable: perpetuarse en el poder. Con seguridad la mayoría que votó NO en la consulta, en la realidad SÍ quiere esos cambios, solo que decidió poner encima de las preguntas una propia: ¿voto a favor o en contra del gobierno? Allí están los resultados.
Pero, “a lo hecho, pecho”, decía mi mamá ante el registro de situaciones difíciles. El pecho a las balas le toca poner al gobierno, sabiendo que esta es una extraordinaria ocasión para demostrar de que está hecho. Los sinsabores son propios durante una gestión gubernamental, pero, así mismo, el tiempo que aún le resta al presidente Noboa es su mejor insumo para seguir haciendo las cosas buenas que hasta ahora ha realizado; abandonar y eliminar todo aquello que está haciendo mal y que incide directamente en las grandes mayorías; y, emprender en todas aquellas acciones que faltan y son imprescindibles para el buen vivir.
Que ni la Constitución vigente, ni la ausencia de apoyo extranjero para luchar contra el narcotráfico, la minería ilegal, el terrorismo, la trata de personas y todas las demás formas de delincuencia; ni el inmoral financiamiento estatal a los partidos políticos, ni el exagerado número de asambleístas, sean freno para gestionar un buen gobierno y demostrar a los ecuatorianos cuál es su máximo propósito: un Ecuador grande y de bienestar. Convierta, señor presidente, las dificultades en los eslabones que uniéndose formarán la gran cadena de la prosperidad.

buen artículo, Jorge, pero el presidente tiene 3 años para lograr cambios. No está derrotado, aunque debe hacer cambios.