15 diciembre, 2025

Ecuador: De la bonanza a la incertidumbre

El año 2007 marcó el inicio de una etapa que muchos ecuatorianos recordamos como la era de la esperanza.
El país vivía un momento de bonanza petrolera.
El nuevo liderazgo de Rafael Correa prometía estabilidad, justicia social y una revolución ciudadana que pondría fin a la corrupción y al caos político.

Y por un tiempo, pareció funcionar.
Las grandes obras públicas, los programas sociales y la retórica del cambio cautivaron a millones.
Pero detrás del entusiasmo se escondía una gran ilusión:
la de creer que la riqueza del Estado era infinita y que la bonanza duraría para siempre.

En lugar de ahorrar, se gastó.
En lugar de diversificar, se concentró todo en el petróleo.
Se confundió CAJA FISCAL CON RIQUEZA NACIONAL.
Y cuando el precio del crudo cayó, la realidad nos golpeó:
un Estado obeso, endeudado y dependiente, sin reservas ni sostenibilidad.

El sueño se desmoronó entre escándalos de corrupción, déficit fiscal y promesas incumplidas.
Y tras el caudillo, vinieron gobiernos que no lograron enderezar el rumbo:
Moreno, Lasso y ahora Noboa, atrapados entre la herencia económica, la improvisación y la falta de rumbo.

Hoy, Ecuador vive en una encrucijada.
Un país sin dirección clara, con la economía detenida, la inseguridad desbordada y la política convertida en espectáculo.
La consulta o referéndum que se promueve no toca los problemas de fondo.
Solo profundiza la división entre correísmo y noboísmo. La crisis no desaparecerá de la noche a la mañana solo migrará.

Y mientras tanto, la gente —los verdaderos dueños de la Patria— sigue esperando soluciones reales.

Pero aún hay camino.
Ecuador necesita una tercera vía:
un proyecto nacional que supere el odio, el fanatismo y la corrupción.

Una vía de unidad, ética y trabajo.
Una vía donde los ecuatorianos decentes —los que estudian, trabajan y aman a su país— puedan volver a creer en un futuro posible.

La riqueza de un país no está en su petróleo,
ni en sus caudillos,
sino en su gente, en su honestidad y en su esfuerzo diario.

El Ecuador no puede seguir siendo rehén del pasado.
Ha llegado el momento de unirnos, de mirar hacia adelante y de construir una nueva esperanza nacional.

Porque la Patria no pertenece a un partido ni a un líder o caudillo
La Patria es de todos.
Y solo unidos, volveremos a levantarla.

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