La gran pregunta que muchos ecuatorianos se hacen hoy es:
¿Por qué seguimos apoyando a líderes que nos conducen al fracaso como nación y buscan perpetuarse en el poder con una Asamblea Constituyente de plenos poderes?
Un psicólogo famoso explicaba que millones de personas en el mundo, incluido nuestro país, sufren un fenómeno mental conocido como disonancia cognitiva, es decir, el malestar que sentimos cuando lo que pensamos, creemos o esperamos entra en conflicto con lo que realmente sucede.
Ejemplos cotidianos de disonancia cognitiva
- La negación de los errores.
Una persona con disonancia cognitiva, en lugar de reconocer sus fallas, insiste en sus creencias, busca justificaciones y rechaza los hechos, interpretando la realidad a su manera. Esto genera tensiones internas y conflictos con su entorno. - El caso de la víctima que no puede soltar.
Una mujer que sufre maltrato físico o psicológico sabe que la relación la daña, pero se convence de que “algún día él cambiará”. Esta contradicción entre el dolor real y la esperanza irreal crea una tensión emocional que la ata a su propio sufrimiento.
Del individuo a la sociedad
Traslademos esto al Ecuador.
Millones de personas viven atrapadas en la disonancia cognitiva política: votan una y otra vez por el mismo caudillo que los perjudicó, o por líderes que prometen salvar al país pero buscan controlar todos los poderes del Estado.
Mientras tanto, la población padece inseguridad, desempleo, corrupción e impunidad, y observa cómo el país se desmorona. Sin embargo, muchos prefieren creer el discurso oficial o los mensajes de los medios afines al poder que aceptar la realidad que tienen frente a los ojos.
Esa falsa sensación de normalidad produce ansiedad, frustración y resignación. Y así se mantiene el ciclo: la gente se convence de que “todo está mejorando”, cuando en realidad el deterioro continúa.
¿Cómo educar para romper la disonancia cognitiva?
- Promoviendo pensamiento crítico desde la escuela.
No basta enseñar datos; hay que enseñar a pensar, comparar fuentes, cuestionar discursos y detectar manipulación. Un ciudadano que sabe analizar no se deja engañar por el populismo ni por la propaganda. - Fomentando la educación emocional.
Entender cómo funcionan nuestras emociones y sesgos ayuda a reconocer cuándo actuamos desde el miedo, la culpa o la costumbre. Una sociedad emocionalmente madura no se deja conducir por el odio ni por la idolatría política. - Creando medios responsables y ciudadanos informados.
La educación mediática debe ser parte de la formación cívica. Aprender a distinguir entre noticia, opinión y manipulación es clave para defender la verdad. - Recuperando la ética pública y la memoria histórica.
Recordar lo que los malos gobiernos hicieron —y no repetirlo— es una forma de salud mental colectiva. Un pueblo que olvida su historia está condenado a revivirla.
Conclusión
La disonancia cognitiva es una enfermedad silenciosa que afecta tanto a individuos como a naciones. Superarla requiere educación, conciencia y valor para mirar la realidad sin filtros.
Solo cuando el ciudadano se atreve a ver, pensar y decidir libremente, el país puede liberarse del engaño y construir un futuro más lúcido y responsable.
