20 enero, 2026

A veces cuando te miro me callo y suspiro…

Muchos hombres no expresan lo que sienten.
Creen que al comunicar su amor se convierten en sujetos frágiles.
Piensan que es mejor ser duros y no exteriorizar aquello que los enternece.

Cuando era niño, mientras para otros chicos lo importante era jugar, para mí lo trascendental era amar.
Las circunstancias que evidenciaban carencias sociales despertaban mis sentimientos y me estremecían.
Todo lo que involucraba mis afectos me volvía sensible.
Reaccionaba afectivamente hacia muchas cosas que percibía.

Ser de esta manera me permitió disfrutar con más intensidad lo que me gratificaba.
Igualmente, me dolía más aquello que me lesionaba.
Traté de cambiar, ya que ser de esa manera era una desventaja frente a la mayoría.
Para compensar esa debilidad me volví peleonero.
En todo donde la confrontación física era indispensable estaba el camino para demostrar mi rudeza, y con ello silenciaba mis emociones.

Vivía en un perenne conflicto entre la razón y el corazón.
Quería ser tierno, pero actuaba duramente.
A los muchachos les daba lo que esperaban de mí.
Era admirado y respetado por mi forma de pelear.
Qué equivocado estaba.

Con el tiempo aprendí que la mayor fortaleza del hombre es su ternura.
Los que tenemos la capacidad de enternecernos somos mucho más fuertes que los fuertes.
Ahora soy un hombre realizado, que no tiene ningún sueño que no haya sido conseguido.
Soy tierno cuando debo y luchador cuando lo tengo que ser.

Con el paso del tiempo pude descubrir el propósito de mi existencia.
Lo comencé a entender cuando mis hijas dormían siendo pequeñitas.
Las besaba y luego las tapaba.
Mientras lo hacía, yo sentía que me encontraba junto a Dios.

Hoy daría mi vida por la vida de cualquiera de mis nietos.
Sin dudarlo, me moriría si ese fuera el precio que deba pagar para que puedan vivir mis angelitos.
Mantengo una fuerza inconmensurable de fraterna fusión cuando veo a los de mi sangre.
Saberme hijo de mi madre y hermano de mis hermanos me provoca profundas cargas afectivas que consolidan sentimientos, incluso sin la cercanía física.

Desde que era pequeño soñaba con alguien como tú.
Le has dado a mi vida un significado que no merecía.
Has sido la razón de mi corazón.
Eres la prueba tangible de la presencia del amor de Dios sobre la tierra.

Gracias a ti le doy significado a lo que pueda percibir.
Los sentimientos que me iluminan solo se generan por ti.
Adoro tus sonrisas; respeto tus prisas.
Cada cosa que te alegra, me alegra.
Todo lo que te entristece, me entristece.
No existe nada que no se acompañe de ti.

Soy un eco sin voz que grita tu nombre.
Eres el milagro de mi realidad.
La vida de mi vida; la razón de mi razón.
El mundo de mi mundo; mi bien.

Por eso, a veces, cuando te miro, me callo y suspiro…

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