No creo a las personas que mienten, peor si no piden disculpas luego de comprobarse una mentira que ha causado desmanes, problemas y muertes. Si alguien miente y no pide disculpas, significa que esa persona se mantiene en la mentira y considera que está bien mentir. Hay personas que defienden la mentira, pero en muchos lugares no se acepta la mentira, especialmente cuando viene de altos estrados de la nación.
La propuesta del presidente Noboa de una Asamblea Constituyente para hacer una nueva Constitución es excluyente y a su medida. Nos quiere llevar a votar a ciegas, ya que dice que revelará los cambios a la Constitución después de ganar su propuesta de Asamblea Constituyente; o sea, tenemos que darle la confianza ahora para que después él nos diga para qué. Sin embargo, dice de antemano el número de artículos que tendrá, cuando debe ser una Constitución de todos y para todos. Parece que se ha acostumbrado a que es suficiente decir que es anticorreísta para ganar elecciones. La propuesta está mal concebida y, por lo tanto, no puedo estar de acuerdo con ella.
Es falso que una nueva Constitución sea necesaria porque la Constitución actual no permite el desarrollo económico del país. La Constitución no es un problema para un ciudadano que quiere hacer bien al país. Los mediocres buscan excusas para todo. En dos años tenemos más inseguridad, más asesinatos que en años anteriores, con récord de asesinatos. Si el Plan Fénix existe, ha sido un fracaso.
En lo económico, el presidente quiere privatizar las empresas del Estado, especialmente las estratégicas. Las maneja mal, el valor de estas empresas cae, culpa al sector público y quiere venderlas. Lo correcto es levantar al sector público, mejorar las empresas públicas para que su valor crezca y, luego, pensar en privatizar de manera transparente en los mercados internacionales, no vendiéndolas a compañías offshore cuyos verdaderos dueños permanecen en las sombras.
El presidente busca eliminar el servicio de salud que presta el IESS, en lugar de buscar maneras de solucionar el crítico problema de falta de salud. Dice que va a traspasar el servicio de salud del IESS —que no le pertenece al Gobierno, ni a Noboa, ni a nadie más que a los afiliados— al Ministerio de Salud, que además no sirve y funciona mal. El Ministerio de Salud funciona mal con los pacientes actuales; podemos imaginarnos cómo sería con los pacientes adicionales del IESS, que hoy tienen una alternativa. En mi opinión, esto es ilegal y los afiliados al IESS tendrían una querella legal. Todo parece indicar que el presidente pretende desmantelar las funciones de prestación de servicios médicos del IESS, a pesar de la falta de atención de salud en Ecuador, para dejarlo listo como una “caja” y pasarlo a manos privadas.
Noboa habla del IESS y del servicio de salud que presta el IESS como si fuese del Estado ecuatoriano. Los que aportan al Seguro, es decir, los afiliados, aportan de su bolsillo. Parte de la remuneración de los ciudadanos va al Seguro Social y otra parte la pone el empleador, que, en lugar de darle al empleado en efectivo, coloca parte de su remuneración en el Seguro Social para que el afiliado tenga asistencia de salud y una pensión. Ese dinero es de los afiliados, no de los gobiernos para que tomen esos dineros y les den al IESS bonos que nadie, aparte del IESS, quiere comprar a esos precios, porque son bonos basura, bonos chatarra, como los llamé durante el gobierno de Correa.
Con respecto a la educación, no se la va a fortalecer disminuyendo la oferta de educación, más aún disminuyendo la oferta de educación gratuita. Si alguien desea abrir un establecimiento de educación privado puede hacerlo, pero no a costa de la educación pública. Los jóvenes ecuatorianos necesitan buena educación, no una educación mala donde se defiende la mentira y los valores están trastocados.
El presidente debe poner énfasis en la buena calidad de la educación pública, que se les enseñe a los jóvenes que la educación debe empezar por la verdad, para que no nos digan que la mentira está bien y se trate de justificarla diciendo que la mentira del presidente (sobre el subsidio) era necesaria porque, si no mentía, no lo hubieran elegido presidente, porque hubiese venido “el cuco”, cuando no es posible que se nos mienta en nuestras narices sin que tenga ninguna consecuencia, cuando en realidad es causal de destitución y no necesita estar escrito en ninguna Constitución.
Si el presidente logra la Constituyente e introduce su propia Constitución de 180 artículos, como de antemano indicó, entonces él va a privatizar; pero nuestros activos están deprimidos, nuestras empresas valen poco porque él las maneja mal, a propósito o no, las maneja mal. Por lo tanto, al venderlas recibiremos poco dinero. Cuando indica que se quitarán derechos a la naturaleza es para privatizar áreas estratégicas. Dentro del sector público tenemos áreas estratégicas que han sido protegidas desde el inicio de nuestra República, y todas nuestras Constituciones han protegido nuestros recursos estratégicos.
Los derechos de la naturaleza existen para proteger a la naturaleza y, por ende, proteger a los ciudadanos. Si no puede controlar el funcionamiento del sector público, peor podrá controlar a las empresas privadas. Pero el presidente tiene intereses privados y puede hacer todo lo posible por ganar mucho dinero en la empresa privada cuando esté en el sector privado. Sin embargo, él está manejando el sector público y, dentro del sector público, tiene que trabajar para los ciudadanos ecuatorianos, no para él y para el sector privado.
Además, en Ecuador no se acostumbra a cumplir con los impuestos debidos; por ejemplo, la propia familia del presidente. En lugar de pagar impuestos, se exoneran, haciendo leyes con ese propósito, para que obviamente la exoneración sea legal y no sea revertida posteriormente. Tendremos un país con empresas estatales que se venderán a precios deprimidos, probablemente a ellos mismos, a través de empresas oscuras offshore. No se pagarán los impuestos debidos porque se exoneran impuestos e intereses por mora, etc. Nos quieren dejar sin dinero, sin activos y sin obras públicas. Ya estamos sin dinero, ya estamos sin obras públicas. El presidente nos quiere dejar sin activos.
