15 diciembre, 2025

Estancados en la mediocridad

Pongamos en contexto el tema. La pregunta debe ser: ¿por qué no despegamos como país o como personas de éxito?

Lo sabes mejor que nadie: cada vez que pospones una decisión importante, el problema no desaparece… se hace más grande, y empezamos a culpar a nuestros antecesores.

En tu carrera pasa igual. Cuando dejas para después dar el salto a un rol estratégico:

  • Sigues atrapado en tareas operativas que no te acercan a tu potencial.

  • Miras cómo otros se posicionan como referentes, mientras tú dudas.

  • Refuerzas esa voz interna que dice: “yo podría hacerlo, pero todavía no me atrevo”.

Significa que seguimos pagando el costo silencioso del estancamiento como país y como personas, haciendo las cosas de la misma forma.

Vivimos en una sociedad que, pese a su enorme potencial de recursos naturales, parece atrapada en un mismo círculo: el estancamiento o bloqueo como país, con crisis cíclicas que también afectan las actividades personales y el mejoramiento de la calidad de vida.

Por eso, las preguntas de fondo son inevitables: ¿por qué no despegamos como nación ni como individuos?

Es que vivimos haciendo las cosas de la misma forma y culpando a los antecesores de nuestra propia inacción y negligencia.

Cada vez que postergamos una decisión importante, el problema no desaparece: crece, se complica y nos frena; el problema solo migra.

Y mientras tanto, buscamos culpables en el pasado. Es fácil señalar a nuestros antecesores, a los gobiernos de Correa, Moreno y Lasso, y después señalaremos al de Noboa, a las circunstancias, etc. Pero esa comodidad —o el acostumbrarnos a la “nueva normalidad” y a las circunstancias— tiene su precio: nos mantiene inmóviles.

En el ámbito profesional ocurre lo mismo: cuando intentamos dar el salto hacia lo estratégico, por miedo, inseguridad o simple costumbre, seguimos atrapados en tareas operativas que no nos acercan a nuestro verdadero potencial.

Observamos cómo otros países se atreven, se equivocan, pero rectifican. Si es necesario cambiar el modelo económico, lo cambian. Si deben reformar estructuralmente una Constitución, buscan los mecanismos más idóneos. Se posicionan como países de primer mundo y no como patios traseros de los gringos, de los rusos o de los chinos.

Una voz interior nos susurra: “Nosotros podemos hacerlo”.

Pero el patrón no solo limita nuestras carreras, sino que también retrasa el desarrollo colectivo de los pueblos.

El costo del estancamiento es silencioso, pero profundo. Seguimos haciendo las cosas de la misma forma esperando que los resultados sean distintos. Y así, año tras año, elección tras elección, generación tras generación, repetimos los mismos errores.

Romper esta metástasis no requiere fórmulas mágicas o recetas extranjeras; requiere decisión, coraje y voluntad política.

Cada paso que damos hacia adelante, por pequeño que sea, es un acto de transformación. Y cada decisión aplazada, con paros y enfrentamientos político-ideológicos, es una oportunidad de cambio que dejamos escapar.

El momento de decidir de Ecuador es ahora, no mañana, no cuando “todo esté listo” o “todo esté perdido”. El país que soñamos y la vida que deseamos no se construyen desde la comodidad, sino desde el compromiso con el cambio estructural, no con el cambio cosmético o atrapados en la mediocridad.

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