Querido hermano Signo de Fe,
Hoy voy a hablarte de la Oración. Es el tema. El gran tema. La oración define al cristiano. Un hermano, pongamos por caso, con oración es una maravilla en la Iglesia….Un hermano sin oración es un triste cuento.
Y tú eres un cristiano en el «mundo». Eres un Signo de Fe. Tú, con oración, eres de verdad un SIGNO…sin oración, eres… nada, otro cuento.
El Santo Fundador tiene en sus Reglas un capítulo entero dedicado a la Oración. Y lo empieza así: «Los Hermanos deben considerar la Oración como el primero y principal de sus ejercicios diarios y como el que mejor puede atraer la bendición de Dios sobre todos los demás». Ahí queda eso. Con eso queda la importancia del tema bien asentado.
El «religioso en el convento» y el «Signo de Fe en el mundo» son dos aspectos de un solo anhelo de servir a Dios, cada uno en su estilo de vida. Y se llega a eso solo con «un conocimiento personal y una amistad íntima con Cristo Señor». Para los dos. Y esto SOLO se consigue con la oración diaria hecha a conciencia. Esta oración «configura» al católico. Y a ti. Sin ella, insisto, no somos nada ni nadie. A pesar de todas las «consagraciones».
En todo el estilo de vida, hay un artículo, el 13, bien claro y exigente. Se habla de un «tiempo fuerte» de oración. No habla de un tiempo largo… pero esto no quiere decir que la duración no sea importante. Hablando con un Hermano que entiende mucho de estas cosas, me preguntó que qué significaba en duración ese «tiempo fuerte». Le respondí una vaguedad. Y me dijo: «Mire, todo lo que no sea media hora… por la menos…
«Y explicó: «Se quiere tiempo para conectar con el Señor». Les aconsejaba que, de vez en vez, cada semana por ejemplo, tuvieran su visita al Señor para tratar con Él, sin prisas…, Él se hace presente… y entonces es la Luz y la Fuerza». Pero pienso que es importante encontrar «tiempo… suficiente» para que se convierta en «tiempo fuerte»
Tomado del Boletín Lasallano
