Según San Juan Bautista de la Salle
Otro medio es la mortificación de sentidos y del espíritu. «Hay que renunciar a las satisfacciones personales que alimentan el espíritu propio e impiden la entrada en nosotros del Espíritu de Dios». Renuncia del juicio y voluntad propios «porque son origen de nuestros pecados y obstaculizan la acción de Dios»
(Med. 119). Con el Santo resumimos «La perfección está en proporción de la destrucción del amor propio» (C. 123).
Es una ascesis rigurosa al parecer: es exigencia de la autenticidad mística: la unión con Dios y el don total de sí mismo al servicio de las almas exige morir a sí mismo. Así amó a Dios al hombre y este Amor reclama el del hombre con Dios.
Un rasgo importante del Santo con referencia al lugar de aplicación de esa lucha y renuncia ascética, que de golpe, lo pone todo en un plano de inteligencia asequible y de posible realización: en lo concreto de la existencia es donde hay que empeñarse en vivir interiormente, espiritualmente. Y ofrece esta regla que es fundamental en la ascesis lasallano:
NO HAGAIS DIFERENCIA ENTRE LOS DEBERES DE VUESTROS ESTADO Y EL NEGOCIO DE VUESTRA SALVACION Y SANTIFICACION. (C. 194).
Corresponder a las mociones del Espíritu Santo
Todo el esfuerzo de ascesis y recogimiento para «vivir en el fondo del alma» está ordenado a facilitar la atención y docilidad a las mociones del Espíritu.
El «instrumento de Dios» ha de llenarse de su Espíritu». En la oración hallará la luz de Dios y verá lo que debe emprender por su Gloria y por la salvación de las almas.
Tomado del Boletín Lasallano
