Con los avances de la tecnología, la medicina se ha fortalecido hasta el punto de salvar vidas; como todo aporte, debe ser usada para el desarrollo, pero es evidente que la usan como un arma que las erradica.
En la Asamblea Nacional del Ecuador, la Comisión Permanente del Derecho a la Salud y Deporte, presidida por el asambleísta Juan José Reyes Baquerizo, aprobó con seis votos a favor y tres abstenciones el informe que llevará a primer debate el proyecto de Ley que Regula las Técnicas y Procedimientos de Reproducción Humana Asistida, donde se busca cambiar por completo el concepto de concepción y el derecho del niño a una familia.
El proyecto cuenta con 63 artículos y 8 disposiciones transitorias, al igual que reformas a la Ley de Salud Pública y a la Ley Orgánica de Gestión de la Identidad y Datos Civiles, que aún no han sido del todo señaladas, lo que incrementa la preocupación de cuáles son las verdaderas intenciones del mismo.
Por otra parte, la reproducción humana asistida —también conocida como RHA— se caracteriza por ser un conjunto de técnicas, biotecnologías y tratamientos médicos diseñados a fin de ayudar a quienes no pueden procrear, de modo que cuenta con procedimientos como la inseminación artificial y la fecundación in vitro, a fin de que matrimonios que desean formar una familia, pero poseen problemas de fertilidad, puedan hacerlo.
Hasta este punto, la finalidad es relativamente buena, pero el proceso se constituye como el verdadero problema; indiferentemente de quienes donen sus gametos y/o embriones, los pueden adquirir solteros o parejas del mismo sexo, lo que nos lleva al debate actual del verdadero propósito de implementar esta ley en nuestro país.
Es conocido por cada ecuatoriano que lamentablemente nuestra nación no cuenta con los suficientes recursos, ni con el correcto uso de la escasez de los mismos, pues la inseguridad en que nos hemos sumergido es una prueba de ello; aun así, aunque han mencionado que no se generarán gastos adicionales, es conocido que la reproducción humana asistida conlleva inversiones inexorables y ganancias incalculables. ¿Vender la moral y degradar la armonía social?
Citan que garantizarán atención psicológica a los niños nacidos, pero muchos silencian una gran verdad, y es que ellos se encargaron de erradicar cualquier rastro de la misma al momento de despenalizar el aborto por casos de violación, el primer paso para acercarnos al abismo.
La reproducción humana asistida no es más que el maquillaje que pretende cubrir los perversos planes de una agenda, una que impone las ideologías macabras por encima de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, quienes buscan una familia compuesta por padre y madre, no por sendas personas que buscan satisfacer sus propios deseos, usurpando así la identidad de los menores, mediante nefastos proyectos de ley por parte del legislativo, uno que roba la soberanía, viola la constitución del Ecuador y disfraza sus actos de progreso.
Pretenden vender embriones de seres humanos, subastando vidas al mejor postor. ¿Qué pasa con los embriones que no son empleados? Pues son desechados, demostrando que para ellos, la vida y la dignidad valen menos que aquello que el poder les da. Analizan a los embriones como si fuesen algún tipo de macabro experimento, y no vidas que son tratadas como sujetos de laboratorio.
Durante todo este proceso, eliminan a la sociedad, al igual que se habla mucho de familias en sus “diversas formas” y “familias inclusivas en su orientación sexual”, pero todos callan. Tiempo atrás, cuando el aborto se volvió una tendencia legalizada en nuestro país, el legislativo empezó a votar por la destrucción, y ahora, nuestros pasos son huellas que marcan el descenso.
Finalmente, los niños ya no tienen derecho a apostar por una vida normal y, tristemente, no son más que juguetes para la diversión de quienes eligen su funesta felicidad. No se trata del gobierno actual, porque la maldad existe en cada uno de los que por el poder se dejaron consumir; vemos a muchos médicos, y no todos actúan con la verdad, pues es fácil hablar, pero es notorio que se les dificulta optar por la moral.
Los niños serán siempre el motivo de lucha más grande que nos debe impulsar a no bajar la bandera. La inocencia es, por demás, el fertilizante de quienes son el presente y futuro de nuestra patria, por lo que está en nosotros hacer eco, sembrar y recolectar frutos dignos.
La inocencia ecuatoriana nos exige seguir avanzando. Por más que sea difícil remar, el tsunami al que nos enfrentamos no nos puede ahogar.
