14 marzo, 2026

¿Podemos hablar aún de proyecto de vida?

Hoy se entiende por proyecto de vida un plan personal y coherente que guía tus decisiones y acciones para alcanzar metas y un propósito vital, abarcando aspectos como lo personal, profesional, académico y social. No es un camino rígido, sino un proceso dinámico y único que se construye con la reflexión sobre tus valores, habilidades y ambiciones, adaptándose al contexto para dar sentido a tu existencia y mantener la motivación.  Esto que es el consenso de la I.A, y que puedo asentir con la razón, el corazón no lo tiene claro: porque lo cambio, si no cumplo un simple propósito de mes, de año, peor un proyecto de vida. 

Lo segundo, me dice que es verdad es que, para hablar de proyecto de vida, solo lo puedo hablar de la integridad e interacciones de las dimensiones más importantes de la vida, lo personal, lo profesional, lo académico y lo social.  Lo personal a su vez es un misterio de deseos, voluntades, interioridades, ambigüedades y cuando no oscuridades, por algo me dice la Biblia, que «Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?» (Jr 17,9). Así entendemos por qué el libro de los Proverbios nos reclama: «Con todo cuidado vigila tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida. Aparta de ti las palabras perversas y aleja de tus labios la maldad» (4,23-24). 

La pura apariencia, el disimulo y el engaño dañan y pervierten el corazón. Más allá de tantos intentos por mostrar o expresar algo que no somos, en el corazón se juega todo, allí no cuenta lo que uno muestra por fuera y los ocultamientos, allí somos nosotros mismos. Por lo tanto, hablar de proyecto de vida solo será posible si nos conocemos a nosotros mismo; ese era el gran principio de sabiduría griega: “conócete a ti mismo”. Pero, desde Freud y la sicología, o desde F. Nietzche y el nihilismo, nos dice algo que hoy veo en muchos jóvenes y no tan jóvenes: vivir no es examinarte hasta el cansancio sino bailar con el caos. La vida es un caos, el mundo es un caos o bailamos o sucumbimos ¿qué proyecto vital puedo forjar en un mundo tan cambiante? ¿Qué solidez en un mundo tan líquido, que todo fluye, cambia o es provisorio?

El no tener claro principios de vida es una cosa y otra más grave el no tener un plan, hoja de ruta para gobernar tu vida. Estamos llamados a construir vida y no a destruirlas, estamos llamados a pensar y dirigir nuestra libertad u otros lo harán por ti o seremos presas fáciles de las nuevas esclavitudes: droga, narcodinero, tecnologías, sexo fácil, amor sin compromiso, entre otras.

En la reflexión del mundo antiguo sobre el corazón humano encontramos en la Ilíada, que es el pensar y el sentir son del corazón y están muy próximos entre sí. Allí el corazón aparece como centro del querer y como lugar en que se fraguan las decisiones importantes de la persona. En Platón el corazón adquiere una función en cierto modo “sintetizadora” de lo racional y lo tendencial de cada uno, pues tanto el mandato de las facultades superiores como las pasiones se transmiten a través de las venas que confluyen en el corazón. Así advertimos desde la antigüedad la importancia de considerar al ser humano no como una suma de distintas capacidades sino como un mundo anímico corpóreo con un centro unificador que otorga a todo lo que vive la persona el trasfondo de un sentido y una orientación.

PROYECTO DE VIDA son palabras mayores que las universidades y colegios tienen claro el concepto, lo elementos pero que no logran acompañar a sus alumnos a que lo consoliden de verdad. Es vital por lo menos el pensar, el armar unos elementos que ayuden a tener un plan que me motive, que me diga si voy caminando por aquello que da sentido a mi vida, si llena mi corazón, por lo menos lo mueve con honestidad. Y ojalá ante tanta inteligencia artificial, cognitiva logremos profundizar en la inteligencia espiritual y armonizar con la emocional para caminar con pasión, desde el ethos (lo que soy, carácter) y no solo desde el logos (razón o mera opinión).

Fue Sean Covey quien en sus libros best seller en especial el de los “7 hábitos de los Adolescentes altamente efectivos” nos dio unas pistas para entender la vida desde lo natural orgánico, el crecimiento es como el de un árbol, comienza bajo tierra, allí se dan los tres primeros hábitos para el éxito en la vida y para tener una guía práctica: ser proactivo- tener el fin en la mente y luego lo primero es lo primero. Son las virtudes que se cultiva en donde no te ve la sociedad, sino la familia, y a veces ni la familia sino tu corazón. Es lo que él llama la “victoria de la vida privada”. La escuela oculta de la familia en la cotidianidad, en el silencio, en los fracasos, entre otros. Antes de salir a la vida social profesional, etc. 

Muchos jóvenes me dicen con indignación: “mi familia es un desastre. Si mis padres me dejaran en paz, podría dirigir mejor mi vida. Siempre me están regañando y que yo nunca podré dejarlos satisfechos”. Otros me dicen: “Soy muy susceptible y muchas veces me deprimo, entonces no sé qué hacer”. Dar pistas para superar estas realidades y pensamientos es poder colaborar en la construcción de personas, en un proyecto de vida. De eso hablaremos en estos números del Para Ti joven. 

 

PARA PENSAR

¿QUÉ ES UN PROYECTO DE VIDA?
Es un plan que integra tus dimensiones esenciales y tus motivaciones profundas

¿POR QUÉ NO CUMPLIMOS O CAMBIAMOS LOS PROYECTOS DE VIDA?
No nos conocemos o no sabemos bailar sobre el abismo. Ni pedimos ayuda. 

¿CÓMO ARMAR UN PROYECTO DE VIDA?
Comenzar en la vida oculta, en lo cotidiano: la victoria privada.



1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

La mochila (2)

Fue en tiempos de pandemia cuando se hicieron populares los «mochileros». Las autoridades de salud nos confinaron cuatro meses en nuestros domicilios, no podíamos sacar la cabeza por la ventana para no […]

×