7 marzo, 2026

¿Y la soberanía?

Si Dios no hubiera querido crear el mundo formaba una comisión.

El camello es el resultado de un caballo mandado a hacer a una comisión.

Estas dos frases que las hemos escuchado por muchos años, avizoran el porvenir de la Constituyente que, de darse, seguramente excretará una bazofia igual a la que tenemos por constitución. 

Disponer que 80 ciudadanos sin mayores requisitos ni preparación, experiencia o conocimientos puedan a su arbitrio y sin direccionamiento redactar una carta magna es un error suicida.

El pueblo muy ligeramente se aprestará a elegir niños de 18 años que dibujan barquitos mientras sesionan, mujeres expertas en bailar en y con tubos, ciudadanos pedófilos, insultadores de oficio, narcotraficantes puestos por el partido  que todos sabemos, insignes violadores y para decorar el pastel, representantes de la CONAIE para enseñarles desde un chiquero a robar bien y a conspirar para paralizar el país.

Quien crea que de la mezcla explosiva de estos nuevos constituyentes saldrá una constitución medianamente buena es una persona excesivamente optimista, ingenua o  neuronalmente deficitaria.

La constitución actual, que según el de la tinta mágica, iba a durar 300 años no establece ni por asomo la posibilidad siquiera de desecharla para crear otra nueva. Solo prevé la posibilidad de enmendar o reformar su texto. Pero hacer un nuevo texto completo, crear una para rechazar la existente, no está expresamente reglado. 

Si Noboa no estaba contento con la actual constitución debió mandar a redactar una nueva a su gusto, de no más de 100 artículos, que le permita gobernar a su arbitrio, quitando los obstáculos para la creación de empleos, la inversión extranjera y regulaciones absurdas que nos impide crecer como país, pero no buscar la opción que gente incapaz redacte en idioma woke. 

Sin esperar mi opinión que era desfavorable, el CNE ha consultado a la Corte Constitucional la propuesta y la acepto a medias, la  mitad  que falta, esto es el control constitucional sobre el cómo se conformará la asamblea constituyente  -cumpliendo- no cumplirá los requisitos dispuestos por los tremendos jueces y de seguro se impedirá el  ejercicio de una democracia plena, dando espaldas al pueblo, porque así lo disponen los partidos políticos a quienes   deben su elección.

No estando prevista en la constitución que al soberano se lo ocurra la disparatada idea de botar al traste el mamotreto que nos guía, no procedía  dar el visto bueno, pero ocurrió. Es decir el pueblo es soberano pero no lo es tanto, llega aquisito nomás.

Me han contado que en la sala de sesiones de la Corte Constitucional hay un piano de cola marca Steinway & Sons, que los jueces todopoderosos  aprovechan con regularidad usar y no precisamente para tocar el instrumento.

En todo caso, aburridos no vamos a estar en las próximas semanas.

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