14 febrero, 2026

Incertidumbre

Leí hace poco en una revista un artículo que daba cuenta del uso universal de la palabra incertidumbre. De cómo en los países del primer mundo, que tienen niveles de vida muy por encima que los emergentes (en vías de desarrollo con economías en rápida expansión, alto potencial de crecimiento económico, industrialización en curso y creciente clase media), y mucho más que los subdesarrollados y pobres (por sus bajos niveles de desarrollo económico y humano, bajos ingresos per cápita, altos niveles de pobreza y desigualdad, escasa industrialización, y deficientes servicios básicos como salud y educación), los análisis de los expertos en cada materia siempre incorporan esa palabra, por comodidad o por seguridad, para evidenciar que el comportamiento humano y su entorno es impredecible en el presente inmediato y en el futuro (salud, economía, guerra, tecnología, etcétera).

“En resumen, la incertidumbre es una condición inherente a la vida y a la forma en que interactuamos y nos enfrentamos al futuro”.

Sin embargo, los ecuatorianos deben saber que viven en un país de alta incertidumbre y que en un ranking entre 143 naciones ocupa el primer puesto, según lo revela un organismo mundial (WUI, por sus siglas en inglés), integrado por analistas y académicos que desmenuzan los reportes de inteligencia económica de la famosa revista inglesa The Economist. En el top ten acompañan a Ecuador varios países africanos y en el quinto lugar aparece Venezuela.

Independiente de las críticas a la conformación del citado ranking, a favor y en contra, es muy desagradable y más preocupante aún el primer puesto asignado al Ecuador. La reacción para cambiar esa percepción o realidad debe ser urgente. Los ecuatorianos saben que el gobierno en funciones no es responsable de tal situación, pero sí que está obligado a encontrar y poner en marcha los mecanismos que ofrezcan confianza y certidumbre a nacionales y extranjeros. Si eso ocurre la incertidumbre seguirá siendo parte de la condición humana, pero no la regla en la vida de todos los ecuatorianos, como parece ser lo que enseña la publicación.

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