17 mayo, 2026

La culpa (en democracia) no es del Gobierno, es de la gente

La crítica a los gobiernos ha sido parte de una frecuente reacción social por la insatisfacción ciudadana ante la falta de resultados, incluso gestión, y frente a una atomización de sus problemas más crónicos. La Justicia, por ejemplo, ha sido declarada en emergencia y según referencias institucionales, requeriría cientos de millones de dólares para atender la caótica situación física de sus instalaciones y la precaria capacidad operativa de su personal. Si el problema fuese presupuestario, bastaría con atender la asignación requerida, inexistente sin fondos provenientes de otras carteras de Estado con exiguos recursos, y asunto solucionado. El tema, empero, es estructural y no se resuelve exclusivamente con mayores fondos.

La corrupción en la Justicia es vox populi y no es necesariamente producto, aunque guarda correlación, con la insostenible debilidad histórica de un sistema en manos principalmente del poder político de turno y la supremacía económica por oportunidad. Así, serían pocos los jueces y fiscales que voluntariamente se ofrecerían a contestar una sola pregunta en una prueba de confianza.

“¿Ha recibido usted emolumento económico alguno a cambio o en compensación por un determinado dictamen o sentencia?”

Un gran país democrático se erige a través de una institucionalidad en el que el imperio de la ley diametralmente se impone a los intereses en conflicto. ¿Será que el país está destinado a finalmente revertir su suerte o es solo otro bluff más de los tantos en su historia? La respuesta está en su gente.



1 comentario

  1. Los líderes de un país suelen ser el fiel espejo de los seguidores y viceversa. Podemos apuntar a crear una nueva generación, nueva educación, nuevos sistemas, una burocracia bien preparada para servir, y otras soluciones mas. Principios y Valores, se ha hablado bastante de estos y la necesidad de la práctica cotidiana de ellos enmarcada en el diario vivir. Creo que nuestro país va a reaccionar cuando las cosas estén tan mal que nos lleve a reflexionar verdaderamente en un cambio radical de actitud.
    Hay otros caminos como el de Singapur. Será acaso lo último que nos queda por hacer?
    Creo que el cambio inicia en cada uno de nosotros para no llegar a extremos como los de Venezuela y otros de la región. Gradualismo o Shock? o un poco de ambas?
    Jose Alberto

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