En tiempos antiguos, cuando aún no se descubrían métodos quirúrgicos para cerrar heridas e incluso sellar miembros amputados, se utilizaba la cauterización que equivalía a quemar literalmente la carne con sus venas y arterias, para evitar el desangrado. La frase “cauterización de la conciencia” se utiliza de manera metafórica, para referirse a un estado en el cual un individuo se ha vuelto insensible a todo sentimiento de pudor, vergüenza, remordimiento, respeto y a toda sensibilidad moral y espiritual, sintiendo que todo es relativo y en ese estado, poco le importa ocasionar daño a cualquiera.
La «cauterización de la conciencia» es un concepto profundamente arraigado en la tradición cristiana, particularmente en las enseñanzas del apóstol Pablo, quien en el verso 2 del capítulo 4 de su primera carta, describe a individuos que, debido a la hipocresía y la mentira, han llegado a tener la conciencia «cauterizada», es decir, insensible al discernimiento moral y, dado que la conciencia actúa como una alarma espiritual, no solo afecta la relación del individuo con Dios, sino que, además, afecta las relaciones sociales.
Vale mencionar que, hay una conexión profunda entre la formación de la conciencia moral y el desarrollo de las leyes. En el Imperio Romano, por ejemplo, la ley no solo buscaba regular la convivencia, sino también reflejar los principios éticos y de justicia que se consideraban universales. La noción de que las leyes deben estar alineadas con un sentido de lo que es justo y correcto, tiene sus raíces en la idea de una conciencia moral colectiva.
Cuando hablamos de una conciencia cauterizada, que ha perdido su capacidad de discernir entre el bien y el mal, también podemos ver como esta pérdida de sensibilidad moral podría reflejarse en una sociedad que deja de valorar la justicia y la equidad. Por eso, el desarrollo de las leyes y normas de convivencia siempre ha estado estrechamente vinculado con el cultivo de una conciencia ética colectiva.
Paradójicamente y haciendo un breve paréntesis, quienes se desempeñan como actores en el sector judicial, han sido señalados como los mayores burladores de aquellos principios éticos y de justicia mencionados líneas arriba y esto ha repercutido en toda la sociedad, convirtiéndose en terreno fértil para que el delito crezca y fructifique.
A las puertas de un mundo donde nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial se vuelven cada vez más utilizadas, urge poner atención a la formación de nuestros hijos e implementar normas que protejan a la sociedad de un descalabro monumental causado por la propia humanidad con el mal uso de la tecnología, pues, de otro modo, ya no podremos diferenciar entre lo verdadero y lo falso, ni entre lo bueno y lo malo.
Para la gente joven, que está en un proceso de formación de su identidad y de sus valores, es fundamental aprender a discernir entre la información objetiva y la manipulación, entre lo que es éticamente correcto y lo que no lo es. Por eso, fomentar el pensamiento crítico desde edades tempranas es una herramienta poderosa para proteger la libertad intelectual y espiritual de las personas, porque las nuevas generaciones están expuestas a una cantidad enorme de contenidos a través de las redes sociales, los medios digitales y otras plataformas, lo que puede facilitar la manipulación de la opinión y la conciencia, si no se cuenta con herramientas críticas sólidas.
Una persona con poca formación de su identidad y de sus valores, fácilmente es víctima de manipulación llegando a un nivel en el cual pierde su autonomía intelectual y moral. Esto significa que la persona no solo obedece órdenes o se conforma con las opiniones de los demás, sino que también puede llegar a un punto en el que deja de cuestionar la realidad que se le presenta y pierde la capacidad de reflexionar de manera crítica.
En la mente de una persona en este estado, se produce una especie de anestesia moral, donde las decisiones ya no se basan en principios éticos propios, sino en lo que dictan las influencias externas. Esto puede llevar a una desconexión con los propios valores y emociones, resultando en una vulnerabilidad mayor frente a la manipulación y el control externo.
Para concluir, hallo importante matizar esta reflexión, mencionado el experimento de conformidad de Asch, realizado en la década de 1950 por el psicólogo Solomon Asch. En este experimento, se reunía a un grupo de participantes en lo que se les decía que era una prueba de percepción visual. En realidad, todos menos uno de los participantes eran cómplices del experimentador. Se les mostraban tarjetas con líneas de diferentes longitudes, y se les pedía que identificaran cuál de las líneas coincidía en longitud con una línea de referencia.
Los cómplices, en ciertas rondas, daban respuestas incorrectas de forma unánime, y el objetivo era ver si el participante real, que no estaba al tanto del engaño, se conformaba con la respuesta del grupo, aun cuando sabía que era incorrecta. Los resultados mostraron que una gran cantidad de personas tendían a conformarse con la opinión del grupo en al menos una de las rondas, incluso si eso significaba ir en contra de su propio juicio. Este experimento demostró el poderoso efecto de la presión social en la toma de decisiones y la importancia de la independencia de criterio.
