7 marzo, 2026

Lo que Ecuador pudo ser, todavía hay tiempo para ser lo que debió

Guayaquil siempre tuvo todas las condiciones para hacer de Ecuador un país próspero. Daniel O’Leary, militar y edecán de Simón Bolívar, opinaba: “Guayaquil llegará a ser algún día el emporio del Sur…”. Se refería a su geografía, fertilidad de suelo, abundancia y variedad de producciones. Muchos extranjeros compartieron su optimismo. Henry Woods, primer cónsul británico, en comunicación a George Canning, primer ministro de su país le escribía: “…hay muy pocos puertos que poseen tan vasta ventaja natural como Guayaquil (…), la provincia es capaz de producir una inmensa cantidad de productos exportables (…). Guayaquil podría convertirse en uno de los departamentos más valiosos de la Gran Colombia”.

No faltó el recurso humano capaz de hacer cambios. Desde 1830 se establecieron europeos con profesión, no aventureros como los españoles que nos poblaron. Los británicos se interesaron en traer modernidad. Por iniciativa de Juan Illingworth llegaron las primeras máquinas desmotadoras de algodón surgidas de la Revolución Industrial. Presionó para instalar un taller mecánico y promovió la primera asociación de agricultores. Ricardo Wright compró un transporte mecánico para trasladar la caña en la hacienda Elvira. En el segundo semestre del siglo XIX siguieron llegando europeos y estadounidenses a radicarse en Guayaquil. Circa 1880, 70 % de la actividad empresarial estaba en manos de extranjeros y en sociedad con guayaquileños. Por segunda ocasión el sector privado guayaquileño trajo la modernidad a Ecuador: gas, luz eléctrica, telefonía, vehículos motorizados, etc.

¿Qué sucedió en Ecuador al terminar el siglo XIX? Hubo una revolución que inició otras, las primeras décadas del XX, y al terminar este, caos económico por crisis del sucre y la banca. Comenzamos el siglo XXI mirando a un futuro incierto; tener el dólar era esperanzador, pero con el triunfo de Rafael Correa lejos de progresar, retrocedió como nunca. Se disparó la corrupción, fomentó el micro tráfico de drogas y prosperó el narcotráfico. Los presidentes Moreno y Lasso fue muy poco lo que hicieron y actualmente el presidente Noboa hace lo que puede para terminar con la corrupción que se ha extendido a todos los sectores de la sociedad. Ninguno se libra, esperemos que los religiosos sean la excepción. Me cuesta trabajo admitir que el actual gobierno no pueda cortar de raíz lo que sucede en los hospitales. Sería interesante llevar una estadística de las personas que fallecen por falta de atención en los hospitales públicos. Hoy hay crisis en todo: moral, economía, política, etc. Ecuador desperdició dos siglos, XIX y XX, no pudo dejar atrás la pobreza y en el XXI, al paso que va, se perdería el tercer siglo.

Y todo eso ocurre cuando anualmente hay más profesionales con maestrías y doctorados en diferentes ciencias. Sus padres y ellos mismos han invertido dinero. No todos regresan si sus estudios fueron en el exterior y no todos los que lo obtuvieron en el país se quedan, buscan la manera de salir. Pero la educación pública sigue siendo muy mala, es decir, la masa de la niñez y juventud ecuatoriana no progresa en conocimiento y cultura. 

No es posible cruzarse de brazos y aceptar como realidad que estamos predestinados a estar entre los países más atrasados de nuestra región en ingresos, desarrollo humano y otras características de los países prósperos. Podríamos ser un Panamá, Chile, Costa Rica o cualquier país que progresa en nuestra región. ¿Cuánto más tenemos que caer para darnos cuenta que ha llegado el momento de levantarnos?

 

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