Marco Rubio habría comunicado sensibles decisiones geopolíticas que no podrían ser de otra manera develadas, y menos cuando los desvalorizados vínculos de Washington con Petro aportarían muy poco para el pretendido desenlace en Venezuela. La alineación de Boluarte se entendería intrascendente; Lula y Boric, aunque no habrían estado particularmente complacientes, tampoco expresarían repudio alguno al objetivo. Ecuador sería particularmente importante por su proyección a largo plazo y la expectante conformación de un trascendental eje con una nueva economía dolarizada en la región a cargo de Edmundo González y María Corina Machado. El desplome de Cuba y Nicaragua resultaría concomitante.
La suerte de Caracas estaría jugada mientras gestionan una salida para Maduro, Cabello y Padrino para no ejecutar un selectivo ataque quirúrgico que desde la Oficina Oval ciertamente preferirían evitar. Aunque acostumbradamente no se exiliarían con las manos vacías, uno de los obstáculos sería el invierno ruso que no le sentaría bien a ninguno de los aún mandamases boliburgueses. Preferirían algo más tropical, pero solo Moscú podría asegurarles su seguridad, tal cual sucede con Bashar al-Assad, protegido de Putin desde 2024.
La fugaz reunión en Palacio habría servido para abogar por una visita de Estado como en 1986. Para el efecto, empero, Rubio habría manifestado beneplácito desde que «una exitosa consumación de la Operación Miraflores antes de fin de año, tú sabe, sirva como preámbulo para los apropiados reconocimientos políticos».

Buen análisis Gonzalo. El Tu Sabe chico excelente!
Solo esperemos que esas salidas se cumplan y se reinaugure la democracia en Venezuela