18 febrero, 2026

De Monkey Business a los archivos Epstein

Gary Hart tenía 50 años y era el front runner demócrata cuando desistió de ir por la reelección al Senado para enfocarse en la presidencial de 1988. En la primavera de 1987, Hart desafió a la prensa luego que una foto de la modelo Donna Rice, abandonando su departamento en Washington, fuese publicada por The Miami Herald. El National Enquirer difundió luego una imagen de ambos en Bimini a bordo del yate Monkey Business, sepultándolo políticamente.

Los nombres relacionados con Jeffrey Epstein y sus aventurescos episodios en territorio de las Islas Vírgenes (EU) son de conocimiento general. Más allá de su muerte en prisión, y no por causas naturales, los archivos Epstein acorralan a una Casa Blanca firmemente posicionada a la defensiva.

A diferencia de Trump, Hart era apenas un aspirante a la Oficina Oval y el nivel de las indagaciones periodísticas, sin los obstáculos que el poder presidencial puede ejercer para evitarlos, era prácticamente absoluto. En el caso Watergate, los reporteros del The Washington Post también fueron objeto de presiones, pero las evidencias y la consecuente coacción pública influenciaron para que el Senado instalara las audiencias que precipitaron la renuncia de Nixon.

Los grandes diarios son parte de un poderoso establishment, pero al final nadie, presidentes y medios incluidos, está por encima de la ley ni exento del escrutinio público. Aunque el crimen perfecto no existe, la presunción de culpabilidad embarga siempre al poder político y más aún cuando su retórica falta a la transparencia.

2 comentarios

  1. La culpabilidad o no está en función de la bonanza económica de su población; por eso, casos como el de Mónica Lewinsky son “perdonados”

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