12 julio, 2026

“Hay gente linda”

Hace unos días escribí: «Hay gente linda». Lo dije porque volví contenta, liviana, de una reunión con una persona muy copada. De esas que tienen pilas. De esas que te iluminan el alma. De esas que se meten en cualquier lado con tal de ayudar al otro. De las que no hablan tanto, pero hacen. Que quizás se mandan alguna palabrota, pero son transparentes, honestas, sin vergüenza de mostrarse tal como son.

Gente linda. Eso dije e incluso lo anoté en mis notas del teléfono apenas volví a casa.

Me vine con una sensación linda, de alegría. De esas que te dejan feliz, que te animan a seguir, que te dan fuerzas para creer que todavía se puede. Que hay personas con ganas de ayudar, de dejar de mirarse el ombligo y creerse el centro del mundo. Que se animan a embarrarse un poco, a mirar lo que pocos quieren ver.

Pero esta mañana fue distinto.

Tuve una situación totalmente opuesta. Volví a casa diciendo: «Hay gente fea».

Gente que encima se cree linda. Que habla mucho, muchísimo, pero va borrando todo lo que dice con lo que hace.

Gente que duele.

Me sentí mal gran parte del día.

Luché conmigo misma para que eso no me arruinara la jornada. Para que no ganara esa sombra. Fue difícil. Lo fue un rato, no lo voy a negar. Porque me dolió. Porque me dio bronca. Porque me sentí chiquita, injustamente herida. Y esa es una lucha interna que me conozco bien.

Pero hace un rato, cuando me quedé sola, avivé el fueguito de la salamandra, que aprendí a encender y disfrutar. Me preparé un mate, me senté tranquila… y me acordé de la gente linda. De esa persona del otro día. Y algo, no sé bien qué, me cambió.

Un pequeño click. Una especie de reset.

Quizás ese sea el foco correcto: mirar hacia donde la cosa funciona, hacia donde hay vida, verdad, entrega.

Y correr la mirada del otro lado, ese que solo desgasta, que no construye, que solo invita al enojo o al rencor.

Y, claro, pedirle a Dios ayuda. Porque en estos casos la necesito. Francamente, la necesito.

Gente linda.
Es por ahí.
La otra… bueno, la otra tendrá que ver cómo se las arregla.
Yo elijo este lado.
El del fuego que abriga. El del mate que calma. El de los vínculos que suman.
El de la gente linda.
El de seguir creyendo.


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