Cuando se me autoriza tomar la palabra en algunos eventos, lo hago generalmente a nombre de mis compañeros de graduación del Colegio Javier de Guayaquil. En esta ocasión lo hago, adicionalmente, a nombre de mi esposa e hijos, a quienes Antonio les tuvo mucho aprecio.
Antonio, como le decíamos, fue una persona excepcional. El aprecio entre los dos era mutuo. Nuestros compañeros de promoción fueron unánimes en expresar sus criterios: un excelente amigo y compañero de aulas, muy trabajador y un gran deportista.
Recuerdo que salíamos del velorio de otro gran compañero, el Ing. José Toro Repeto. Antonio me dijo: “Pincho, cuando yo muera quiero que digas unas palabras”. Aquí estoy, Antonio, para cumplir tu deseo.
Antonio estudió su carrera profesional en los Estados Unidos. De regreso al país, se vinculó con el Grupo Vilaseca hasta su jubilación. Bien pudo permanecer tranquilo en su domicilio, pero prefirió seguir trabajando, asesorando a clientes nacionales e internacionales, hasta que empezó su período de enfermedades.
Antonio se enfermaba, iba a los Estados Unidos, regresaba curado y volvía a reunirse con el grupo de compañeros, y así en repetidas ocasiones. Supe de una última operación a los pulmones, de la que salió exitoso. Lo llamé a su casa para felicitarlo y me dijo: “Pincho, esto es un proceso muy largo”.
Después ya no me contestó el teléfono, hasta que me enteré de su muerte. Gracias a Armando Cruz, también su amigo desde que usaban pantalones cortos, y quien nos convoca a reunirnos ocasionalmente.
Nos reuníamos en «Masa Madre», ahí conversábamos y nos reíamos de las ocurrencias de Jorge Idrovo, así como de temas importantes de la política nacional e internacional.
Ya estás, Antonio, en el cielo, junto a tus seres más queridos. Q. E. P. D.

Querido Pincho, recién ayer me enteré del paso a la Eternidad de Antonio por medio de Guillermo. !Que gran pena! Tuve la buena fortuna de haber compartido tiempo con Antonio, en parte porque ambos éramos del grupo de “Físico-Matemáticos “ en el Javier, los cuales éramos solo ocho (cuatro ya han fallecido); pero también, y especialmente, porque fuimos amigos a través de los años. La última vez que nos vimos fue aquí en Washington (5 años) mientras visitaba a uno de sus hijos . Nos reunimos para tomar desayuno juntos y conversamos de nuestras familias, aficiones, intereses, etc. En tiempos pasados, Antonio había sido un gran navegante de veleros y había participado en competencias en muchas regatas, inclusive una en Annapolis, MD, cerca de Washington. Conversamos por última vez, vía Zoom, en Junio o Julio de este año, pero él no me dio ningún indicio que estaba muy enfermo y cerca de fallecer.
Gracias Pincho por tu elogio sincero y sencillo de nuestro gran compañero y amigo.
Alejandro