Con el auspicio del señor Xavier Simon Isaías, Decano del Honorable Cuerpo Consular de Guayaquil se inauguró el segundo Congreso de Derecho Internacional que lleva el nombre del embajador Luis Gallegos Chiriboga, ex ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador.
El embajador Gallegos Chiriboga, como canciller tuvo una verdadera tarea de romanos ya que le tocó ejercer el cargo durante la pandemia.
Por otro lado, el embajador Gallegos en todos los países que ha tenido que representar al Ecuador siempre ha superado cualquier tipo de dificultades con un gran esfuerzo intelectual y valor civil, término que recalco pues, no solo existe el valor militar empuñando el arma sino también el civil que sustituye el fusil a las ideas, la estrategia del razonamiento a las amenazas o presiones, vengan de donde vengan; y el amor a este Ecuador que no es una quimera, que no es una entelequia que es algo que palpita y que barbota en el pecho de todos aquellos que nacimos aquí.
El Congreso fue un reconocimiento a la labor del embajador Luis Gallegos Chiriboga como diplomático al poner alma, cerebro y corazón en servicio del Ecuador.
Además del embajador Gallegos expusieron: el embajador Gustavo Palacio, el Dr. Reynaldo Huerta Ortega, la Dra. Cristina de Bitar, cónsul de El Salvador, la Dra. Raquel Castillo y el Politólogo Lupo Plaza Maridueña.
¿Por qué es fundamental un Congreso de Derecho Internacional? Simplemente porque nos permite analizar la aplicación estricta y honestamente observada de las leyes internacionales impedirá que países más fuertes bélicamente invadan a países de menor capacidad militar; que la justicia no solo sea entre individuos sino también norma entre los Estados y que el futuro de la tierra no se vea amenazada por la polución que producen las grandes potencias con sus industrias propendiendo al calentamiento global que puede tener consecuencias insospechadas en contra del futuro humano.
Esas fueron muchas de las razones que impulsaron al Cuerpo Consular de Guayaquil a realizar este Congreso, con la esperanza de que llegará un día en que la razón se imponga y la buena voluntad impere y que siempre pese a los abatares termine por imponerse el bien común como norma para todos los pueblos del mundo.
