Pongamos en contexto el tema. Durante las últimas semanas de julio e inicios de agosto del 2025, varios usuarios del Banco del Pichincha han venido denunciando constantes fallas en la aplicación móvil de la entidad financiera, que se presentan de manera recurrente y afectan el acceso a pagos de servicios, retiros de dinero y otras transacciones esenciales en línea que brinda el banco.
Esto no es un hecho aislado: las interrupciones son semanales y nadie responde ni sanciona a la entidad.
A pesar de las numerosas quejas, la Superintendencia de Bancos ha optado por un monitoreo continuo sin anunciar medidas sancionadoras.
Esto hace recordar las crisis bancarias registradas en las décadas de los ochenta y noventa, que generaron la necesidad de entender las principales causas de fragilidad financiera a nivel mundial, regional y local, donde cada país adopta sus controles, especialmente en tres sectores: monetario, financiero y externo.
Por ejemplo, expertos en la materia argumentan que la desregulación del sistema financiero y la inestabilidad cambiaria son los principales determinantes de crisis bancarias para países en vías de desarrollo como Ecuador, y que no se debe generar alarmas innecesarias ni confundir entre daños en los sistemas con estados de iliquidez.
Frente a estas alertas y quejas de los usuarios, el Banco del Pichincha, a través de su presidente, ofreció disculpas públicas luego de que se viralizara un video en el que respondía con tono ofensivo a un cliente que reclamaba por fallas en los servicios digitales de la entidad, ocurrido el 1 de agosto de 2025.
En el altercado, el ciudadano expresó su malestar por los constantes fallos en la aplicación móvil, cajeros automáticos y otros canales digitales del banco, y la respuesta del presidente del Banco fue tajante:
“Si no le gusta el banco, váyase a otro y no joda.”
Esta escena, que no debió producirse, fue registrada por testigos y difundida en redes sociales, provocando una ola de críticas. Las disculpas públicas no convencieron a los usuarios, muchos de los cuales trataron de retirar sus ahorros, previniendo una eventual iliquidez y recordando el caso de la crisis bancaria ecuatoriana de 1999. Esa crisis produjo un estallido social, y entre otros factores, se evidenció que las operaciones vinculadas dentro de un grupo financiero afectaron la calidad de los activos del sistema bancario, sumado a desequilibrios macroeconómicos, acelerada devaluación del sucre, elevada inflación y shocks exógenos como la caída del precio del petróleo. Todo esto provocó, al final, el cambio de gobernantes y el paso del sistema monetario convencional a un sistema de dolarización oficial, con las desastrosas consecuencias del feriado bancario.
Si bien el comunicado del presidente del banco abordó los problemas técnicos que han afectado el funcionamiento de los servicios digitales, admitió las fallas que han causado frustración en los usuarios y afirmó que se trabaja activamente para resolver estos inconvenientes, señalando que se trata de un hecho aislado y que la entidad financiera mantiene su liquidez.
En mi opinión, el Banco del Pichincha y todo el sistema financiero y bancario deben mejorar sus sistemas tecnológicos, la comunicación con el usuario, y adicionalmente la Fiscalía debe investigar a personas desaprensivas que hacen circular comunicados falsos por correos electrónicos o WhatsApp, con contenidos malintencionados, utilizando de manera indebida la tecnología digital, incluido el uso de la aplicación de inteligencia artificial ChatGPT. Esto genera nerviosismo y desconfianza en el sistema financiero y bancario, en especial en el Banco del Pichincha.
