18 febrero, 2026

La destrucción y reconstrucción en marcha de una nación

El Ecuador está destrozado desde toda óptica imaginable y una definitiva reconstrucción solo sería posible encausándola desde sus mismas entrañas para extirpar un endémico denominador común gestado desde siempre en su sistema político: la corrupción. La recomposición, por tanto, solo podría lograrse a través de un verdadero Estado de derecho donde prime una política de cero tolerancia a esa corrupción desde el poder político.

La Constitución de Montecristi fue socialistoidemente concebida con la corrupción como base y materia prima. ¿Cabría mantenerla como eje esencial de la institucionalidad por constituirse? Las penurias del país, sin embargo, tienen raíces estructurales, irredimibles en apenas 4 años. Es más, al ritmo actual de crecimiento económico tomaría quizás 60+ años para duplicar el PIB, medidor de la creación de trabajo y riqueza. ¿Estaría la gente dispuesta a someterse al ejemplo de Singapur como modelo de gestión? Si fuese así, ¿sería propicio emprenderlo, debería asumirse en marcha, existiría quizás otro paradigma? Tal vez no habría plan alguno. 

Un proyecto político de abrumadora envergadura y arraigo en una suprema convicción ideológica no debería quedar exento de comunicación pues su hoja de ruta y apoyos populares serían claves para su consecución. Si no fuera ese el camino, empero, quizás se estaría abocando a un politiquero gatopardismo en el que las taciturnas ambivalencias y la falta de claridad aportarían a un intransigente debate y a pletóricas expectativas, mas no a los resultados esperados.



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