Al parecer han fallado todas las reuniones y negociaciones de paz entre ambas naciones. La frutilla del pastel es Crimea.
Rusia considera a Crimea como su territorio; Ucrania también. Al parecer no hay salida para resolver una posible paz, o al menos un alto al fuego.
Por otra parte, la guerra convencional ya pasó de moda. En los conflictos bélicos, hoy la guerra es guerra de drones.
Sin embargo, para la pacificación de dos países en guerra, siempre existen soluciones desde hace más de 200 años. Hay que ingeniárselas, pero lo que es indispensable para lograr la paz es que los países en conflicto bélico cedan posiciones, cedan derechos adquiridos o cedan territorios.
Se me ocurre una propuesta que podría ser viable, o algo similar a la que propongo: que Crimea sea un Estado libre asociado tanto a Rusia como a Ucrania, tomando como antecedente a Puerto Rico respecto de los Estados Unidos.
Por supuesto, habrá mesas de trabajo conformadas por un representante de los Estados Unidos, por un representante de Rusia, por un representante de Ucrania, por un representante de la Unión Europea y, quizá, por un delegado de la Iglesia católica y otro por la Iglesia ortodoxa.
También habría una mesa por el canje de prisioneros, otra por los límites definitivos de Rusia y Ucrania, otra por el canje de muertos, y otra mesa para evaluar los daños materiales de ambos países, causados el uno al otro por la guerra.
Me sentiré satisfecho de haber aportado ciertas ideas como las expuestas líneas arriba, sin ser experto en materia de tratados de paz.
Finalmente, deberá existir una declaración, con las manos puestas sobre la Biblia, de que ninguno de los dos países atacará al otro por los próximos cincuenta años.

Trump le deja la vía libre a Putin en Ucrania; a cambio, Putin deja caer a las tres últimas narcodictaduras.
Ahora mismo tiene lugar una gran operación de Estados Unidos por tierra, mar y aire para capturar a Maduro.