Pongamos en contexto el tema, muy conocido y explicado hasta en la Biblia, cuando en Isaías 55:8-9 dice que ni los pensamientos de Dios ni sus caminos son los nuestros. De hecho, los de Dios son más altos que los nuestros, ¡más altos que los cielos sobre la tierra! Es por eso que mucha gente se desespera cuando sus aspiraciones o situación económica y de estatus se diluyen y aparecen la ansiedad, la depresión y la desesperanza.
La frase: «Los tiempos de Dios son perfectos» se refiere a la idea de que Dios tiene un plan divino para nuestras vidas, incluso cuando no lo podemos comprender o ver. Aunque las circunstancias parezcan difíciles o injustas, Dios está trabajando detrás de escena, tejiendo nuestros destinos según su sabiduría infinita.
Y cada vez que eso me ocurre, hay que aferrarse a algo, porque no todo lo que parece quieto está detenido. Hay días, meses o años en los que no pasa nada y aun así estamos cambiando. No lo notas porque el progreso real no hace ruido: se produce en silencio, cuando menos te imaginas.
Estar parado un tiempo no es fracasar. A veces es recuperar energía, ordenar ideas, dejar que tu mente y organismo maduren dentro de ti. En mi caso, no estoy perdiendo el tiempo. Estoy construyendo, a veces sin darme cuenta.
No vas tarde. No hay una carrera. Tus caminos no se comparan con los de nadie. Vas a tu turno y eso basta.
Si te sientes perdido, respira. Detente. No tienes que tenerlo todo claro. A veces la mejor respuesta es esperar sin rendirse.
Recuerda que la duda no es señal de fracaso, es señal de conciencia. Lo incierto también es parte del viaje. No estás fallando, estás creciendo. Y crecer duele, confunde, agota, pero transforma. Confía en que tu tiempo está más cerca de lo que piensas.

Mis más completas felicitaciones por tan real y hermoso artículo. Que Él Espíritu Santo siempre le de él conocimiento y sabiduría, y éstos sean manifestado eventualmente en artículos como éste.