José Serrano regularmente concedía entrevistas desde su supuesto exilio de corta data, siendo incluso precandidato presidencial en los últimos comicios. En uno de esos diálogos, hace más de un año, surgió una pregunta que lo encolerizó.
“¿Dr. Serrano, podría compartirnos su actual estatus migratorio en los Estados Unidos?”
Su descomposición mediática fue notable mientras cuestionaba la integridad periodística del entrevistador y le imputaba un supuesto atentado contra su seguridad física y la de su familia. Al final, empero, manifestó que estaba tramitando su asilo político.
Los detalles de su aprehensión en Miami son escuetos, pero su estancia en el Centro de Detención de Krome deja entrever que, si bien una infracción de tránsito podría haberla desencadenado, su transferencia a Krome debe haber obedecido a: alguna, no leve, irregularidad migratoria; que entre algunas agencias estadounidenses existiría divergencias sobre su relativa o ninguna importancia; y/o, que de facto haya dejado de ser, si lo fue alguna vez, valioso como fuente de información sin perjuicio de actos perpetrados contra intereses estadounidenses.
Las conclusiones, a priori, apuntarían a que Serrano tendría que haberse desconectado de su pasado encubridor de Correa cuando decidió establecerse en Miami, con o sin la venia anticipada del Departamento de Estado, pero también que haya dejado de ser un asset para los intereses estadounidenses puesto que una permanencia en Krome, por corta que pueda ser, nunca es para aliados del régimen. ¡Hallelujah!

Muy buen artículo