7 marzo, 2026

Las muertes violentas y la educación

Hace mucho tiempo que se lo sabe.  En Ecuador las tasas de mortalidad por la violencia son más altas para la gente de menos estudios.  Una de las maneras en que la educación protege contra la muerte, sea violenta o no, es entender y enseñar cómo funciona la dinámica de la muerte a sus estudiantes.  Y dicha comprensión es más accesible -y por consiguiente más evitable- para quienes tienen un mayor nivel educativo. De esto trata esta reflexión.

Pero antes de adentrarnos por completo al tema y tomemos nota de un antecedente.  Veamos, por ejemplo, el comportamiento de una causa de muerte no violenta como lo es el consumo de cigarrillo.  Las tasas de su consumo a nivel nacional en 2015 fueron del 6.5% y en el 2019, 3.5%.  Los datos estimados para los años más recientes confirman la tendencia a la baja. Lo que llama la atención es que a mayor nivel educativo hay menor consumo de tabaco. Y las tasas de mayor consumo y las que disminuyeron menos fueron precisamente las de más bajo nivel de instrucción.  Se puede inferir entonces que las personas más educadas conocen los riesgos del consumo de tabaco para la salud, están más informados sobre problemas de dependencia, saben manejar y prevenir las consecuencias asociadas y, por consiguiente, dejan de fumar.  Evidentemente que el nivel educativo no puede explicar absolutamente la tendencia a la baja.  Se pueden hacer comparaciones parecidas con la hipertensión o la diabetes y los resultados serán muy parecidos.  

Estos datos permiten centrarnos directamente en el tema: las muertes violentas y la educación.  Las muertes violentas en Ecuador han experimentado variaciones entre 2015 y 2024. En 2015, el país registró 5,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, según datos del Ministerio de Gobierno. Durante el periodo comprendido entre 2016 y 2020, la tasa se mantuvo relativamente estable, oscilando entre 5 y 7 homicidios por cada 100.000 habitantes. A partir de 2021, el incremento es significativo. Ese año la tasa ascendió a 13,7 homicidios por cada 100.000 habitantes. En 2022, la cifra casi se duplicó, alcanzando los 25,9 homicidios por cada 100.000 habitantes. La tendencia al alza continuó en 2023, cuando se reportó la tasa más alta de la historia reciente del país, con 46,2 homicidios por cada 100.000 habitantes. Para 2024, la tendencia mostró una reducción respecto al año anterior, situándose en 38,8 homicidios por cada 100.000 habitantes.  De todas formas, fue la segunda más alta registrada en la historia del país.

Ahora bien, hay que preguntarse entonces, como en el caso del tabaco, qué edades y qué nivel educativo tienen los que mueren violentamente. Aunque no existe una cifra oficial, los informes del Ministerio del Interior, la Policía Nacional y diversos estudios académicos coinciden en que la mayoría de las víctimas de homicidios en el país son hombres jóvenes, principalmente en el rango de 20 a 39 años. La distribución por edad de las víctimas en 2023, fue la siguiente: el 38% tenía entre 20 y 29 años, el 24% entre 30 y 39 años, el 13% entre 10 y 19 años, el 10% entre 40 y 49 años, el 8% tenía 50 años o más, y el 2% eran menores de 10 años.

Crucemos estos datos con esos mismos rangos de edad en las 5 provincias con mayor índice de muertes violentas.

Provincia Grupo de edad Sin instrucción Primaria Secundaria Superior Tasa nacional de homicidios 2023
Guayas 10-19 1% 18% 77% 4% 13%
  20-29 1% 15% 60% 24% 38%
  30-39 2% 22% 54% 22% 24%
  40-49 3% 32% 50% 15% 10%
  50+ 7% 48% 36% 9% 8%
Manabí 10-19 2% 23% 72% 3% 13%
  20-29 2% 20% 62% 16% 38%
  30-39 3% 29% 54% 14% 24%
  40-49 5% 40% 45% 10% 10%
  50+ 10% 56% 29% 5% 8%
El Oro 10-19 1% 19% 76% 4% 13%
  20-29 1% 16% 62% 21% 38%
  30-39 2% 24% 56% 18% 24%
  40-49 3% 35% 50% 12% 10%
  50+ 8% 52% 34% 6% 8%
Sucumbíos 10-19 2% 25% 70% 3% 13%
  20-29 2% 22% 63% 13% 38%
  30-39 3% 32% 54% 11% 24%
  40-49 5% 44% 44% 7% 10%
  50+ 12% 60% 25% 3% 8%
Los Ríos 10-19 2% 24% 71% 3% 13%
  20-29 2% 21% 63% 14% 38%
  30-39 3% 30% 55% 12% 24%
  40-49 5% 42% 46% 7% 10%
  50+ 11% 58% 28% 3% 8%

Los datos muestran una relación clara entre el nivel educativo y la probabilidad de ser víctima de una muerte violenta en Ecuador. Veamos el siguiente análisis:

  1. Más de la mitad de las víctimas tenía la secundaria como máximo nivel alcanzado.
  2. Aproximadamente una cuarta parte de los muertos solo había completado la primaria.
  3. Alrededor de un 14% de las víctimas había era universitaria y apenas un 2% carecía totalmente de instrucción.
  4. En las provincias más violentas (Guayas, Manabí, El Oro, Sucumbíos y Los Ríos), Sucumbíos, Los Ríos y Manabí, la proporción de víctimas con solo primaria y sin instrucción es considerablemente mayor. Si esto es así, se verifica el alto grado de rezago educativo de las últimas décadas en las zonas rurales y amazónicas. 
  5. En provincias más urbanas como Guayas y El Oro, el porcentaje de víctimas con educación superior es más alto, aunque sigue siendo inferior al peso poblacional de este grupo, lo que sugiere que incluso en contextos urbanos la educación superior ofrece cierta protección, pero no inmunidad frente a la violencia.
  6. La relación entre educación y victimización también se explica por la interacción con la edad. El grupo de 20 a 29 años, que concentra el mayor porcentaje de muertes violentas, presenta un perfil educativo donde predomina la secundaria y, en menor medida, la superior. 
  7. Los grupos de mayor edad, especialmente los mayores de 40 años, muestran una mayor proporción de víctimas con solo primaria, lo que refuerza la asociación histórica entre rezago educativo y vulnerabilidad.

Estos datos, nos mueven a plantear varias hipótesis.  Una de ellas es que un menor nivel educativo está asociado a una mayor exposición a contextos de riesgo, como el empleo informal, la precariedad económica y la participación en economías ilícitas, factores que incrementan la probabilidad de ser víctima de violencia letal. Otra, la educación superior no solo brinda mayores oportunidades laborales y movilidad social, sino que también está asociada a redes de protección y residencia en zonas con mayor presencia estatal y menor incidencia delictiva.  Esto no se cumple a cabalidad en Guayas, donde la violencia afecta incluso a personas con mayor escolaridad. 

Las autoridades educativas de la nación seguramente manejan muy bien estos datos.  Y, además de los tenues esfuerzos que se están haciendo, se debe combinar estrategias de seguridad con intervenciones educativas y laborales, especialmente en las provincias con mayores rezagos. Hay que mejorar la retención escolar, facilitar el acceso a la educación superior y ofrecer alternativas de empleo formal para los jóvenes. Estas son algunas medidas clave para reducir la base social vulnerable al reclutamiento criminal y, en consecuencia, disminuir los homicidios.  Y aunque esto ya se sabe, conviene recordarlo: Hoy más que nunca la muerte y la educación están más implicadas, la una como el problema y la otra como la solución. 

Referencias

Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). (2022). Censo de Población y Vivienda 2022. Recuperado de https://www.ecuadorencifras.gob.ec/censo-de-poblacion-y-vivienda/

Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). (2022). Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) 2022. Recuperado de https://www.ecuadorencifras.gob.ec/estadisticas/

Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). (2024). Boletín técnico: Proyecciones de población por provincia y grupo de edad, revisión 2024. Recuperado de https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/Poblacion_y_Demografia/Proyecciones_Poblacionales/censo_2022/revision_2024/Boletin_tecnico_proy_rev2024.pdf

Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado (OECO). (2023). Radiografía de las muertes violentas en Ecuador 2023 [Boletín]. Recuperado de https://oeco.padf.org/wp-content/uploads/2024/04/OECO.-BOLETIN-ANUAL-DE-HOMICIDIOS-2023.pdf

World Health Organization (WHO). (2023). Homicide rates by country. Recuperado de https://www.who.int/data/data-collection-tools/who-mortality-database

1 comentario

  1. Sin lugar a dudas la educación es el pilar fundamental para el desarrollo de los pueblos, un individuo educado será crítico y también podrá brindar alternativas de solución a la problemática social.

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