9 marzo, 2026

La ganancia de convivir en conciencia colectiva

Pongamos en contexto el tema, poniendo ejemplos visibles de la cultura organizacional de Japón y de Ecuador.

La cultura organizacional del pueblo japonés

Viviendo en pleno siglo XXI, Ecuador está a años luz de los japoneses, no porque no comprendamos los adelantos tecnológicos de la inteligencia artificial, sino por una cultura de las formas cotidianas.

Japón, por ejemplo, vive a diario comprendiendo la ganancia de vivir en conciencia colectiva, que al final somos una sociedad o red humana donde cuidarnos es la norma y no la excepción.

En Japón, por ejemplo, hay silencio absoluto en todo lugar por donde se transita, como el metro o el transporte público; los trenes están limpios, no hay ruidos de claxon, los empleados del tren público entran, saludan, salen y se despiden haciendo una reverencia. Todos caminan por el lado izquierdo. Se protegen de la contaminación visual y procuran el silencio en todas sus formas. Obviamente, no hay baches en las calles, y existe el cuidado de no hablar por teléfono en lugares públicos. El gobierno japonés actúa en congruencia con los ciudadanos.

Esas pequeñas cortesías evidencian el nivel avanzado de su cultura con el otro, que prioriza el respeto, la armonía y la convivencia sin individualismos. No es que no existan los problemas, sino que las formas cotidianas muestran un compromiso con la fidelidad colectiva, no con el individualismo.

La cultura organizacional del Ecuador

Siguiendo la misma línea de la narrativa anterior, lo que vemos en Ecuador es que no existe una convivencia colectiva: prima el individualismo, el consumismo, el estatus, la prepotencia de las autoridades y la vulneración de la ley por parte de gremios y organismos de control de recursos públicos.

El silencio en los lugares públicos es una torre de Babel; el servicio de transporte público es un desastre; el saludo y las pequeñas cortesías en el hogar y en la familia están desapareciendo; prima el uso y abuso del celular en todas las actividades humanas; no existe protección contra la contaminación visual.

El gobierno no construye convivencia con el ciudadano en territorio; este reclama sin eco la ineficiencia de los servicios públicos, el incumplimiento de la norma, la ausencia de política pública. Y qué decir del caos en el mantenimiento de calles y caminos, la falta de reparación de desastres naturales, el nulo control de precios de artículos y productos de primera necesidad; la desinformación es la regla.

La protección y el mantenimiento de los equipos y máquinas del servicio hidroeléctrico están direccionados por intereses políticos, en los que pululan apagones, contratos cruzados y nepotismo en los organismos seccionales. Y todos caminan por las izquierdas, trabajando para las arcas de las derechas.

En definitiva, la cultura organizacional es central para el desempeño de cualquier organización, empezando por el Estado y los gobiernos. La cultura específica de una organización puede hacer que el cambio sea más fácil o más difícil; puede afectar la forma en que se comunica el cambio y puede influir en la efectividad general de este.

Los beneficios de implementar cambios en la cultura organizacional incluyen: mayor integración, mejores relaciones, desarrollo de un aprendizaje organizacional, enriquecimiento de significados y símbolos que generan en los miembros una mayor identidad con la empresa, además de una mayor apertura hacia la creatividad e innovación en los procesos y servicios destinados a cubrir las necesidades de todo el sistema organizacional con el que interactúa.

Es la hora de la re/evolución de las mentes para cambiar todo: el sistema político, el sistema electoral, el sistema económico, el sistema jurídico y, naturalmente, la cultura organizacional del Estado, de la empresa y de la familia, desterrando el individualismo y comprendiendo el verdadero valor de la unidad de todos los ecuatorianos, entendiendo la ganancia de vivir en conciencia.

Eso es la re/evolución y cambio de la cultura organizacional, y no el caos irreverente de la política del yo.

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