9 marzo, 2026

Cada vez que conozco más a los seres humanos, quiero más a mi perro

Pongamos en contexto el tema de la juventud rayada en la tecnología, que si se va la luz se pierden, no tienen la capacidad de efectuar un trabajo sin tecnología. Traigo a colación el tema en relación con un video colgado en las redes sociales donde dos alumnas de un colegio de Quito, frente al parque Itchimbía, se enfrentaron en una brutal agresión con barra y todo, donde la agresora le agarra del cabello y la arrastra por las gradas, se sienta en su espalda y termina su “tarea” a golpes, lo cual refleja la triste realidad de una sociedad sometida a la peor forma social de violencia, odio y resentimiento.

Cuando existe en el país un clima de miedo e inseguridad, el proceso de enseñanza-aprendizaje no funciona a nivel escolar. Esto provoca problemas emocionales y de salud mental, donde las autoridades del plantel se ven impotentes de establecer un orden porque también son amenazadas, y por cuidar su trabajo se callan o encubren la bestialidad humana.

Igual sucede en el caso del bullying efectuado a Dominique Serrano, un joven asambleísta en funciones, por un gran sector de la prensa ávida de escándalos y de ciertos analistas que hacen un drama en las redes sociales y piden sanción administrativa. El joven, que por obra y gracia de la politiquería ecuatoriana llega a la Asamblea a sus 19 años, se pasa entretenido haciendo dibujitos mientras supuestamente se debaten las leyes de urgencia económica del país.

Las situaciones de bullying implican una forma de discriminación por motivos como características físicas, orientación sexual, nacionalidad, condición socioeconómica, creencias religiosas, discapacidad, y en el caso del joven asambleísta, por su corta edad.

El bullying es una vulneración de derechos de la infancia y la adolescencia, y representa un factor de riesgo para el desarrollo psicosocial de las víctimas. Involucra a toda la comunidad educativa y laboral, ya que tiene consecuencias negativas tanto en las víctimas como en los agresores, los testigos y las familias. Además, tiene impacto sobre la calidad educativa y el bienestar general de los estudiantes y, en este caso, sobre Dominique Serrano, lo cual desdice de la calidad o mérito para llegar a representar a un conglomerado en una curul de Padre de la Patria, y a lo que todos nos vamos acostumbrando.

En todos los casos, el entorno es clave para que estas conductas se sostengan, ya que, de alguna forma, tolera o normaliza la violencia como una respuesta válida.

Como sociedad, no podemos normalizar lo que está sucediendo en el país con nuestro sistema educativo y en el derecho a elegir y ser elegido. Los culpables de esta deshonra legislativa son reiterativos y no son los únicos, porque si analizamos los antecedentes judiciales de un centenar de asambleístas y asesores, el desmérito viene de los partidos políticos, que ponen como candidatos a personas sin un mínimo de requisitos o capacitación previa en materia legislativa y de fiscalización, precisamente para manipularlos, permitiendo que lleguen a cargos de elección popular bajo el juego político de votación en plancha o con los célebres métodos de D’Hondt o de Webster, que reparten el poder creando nepotismo, vulnerando las minorías y mayorías móviles que avergüenzan al Ecuador.

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