En una época de mi vida, cuya edad no quiero acordarme, tuve la oportunidad de leer “El Hombre Mediocre” de José Ingenieros. El libro nos muestra el peligro que corren las sociedades cuando los ideales y el libre pensamiento crítico quedan sepultados por ideologías y pastores políticos que disponen como deben pensar e insultarse entre sus borregos.
Preveía un mundo donde la apariencia y la inmediatez dominarían nuestras interacciones, haciendo fácil perder perspectivas de lo que realmente importa. La cultura de lo efímero tiende a consumir información y experiencias de manera rápida, sin detenernos a reflexionar sobre su significado.
El autor llama a rebelarse contra la mediocridad, cultivar ideales, pensar con talento y a no vivir como simple reflejo de los demás.
“La generación Idiota» de Agustín Laje es un ensayo que critica la influencia dominante de la mentalidad adolescente en la cultura, la política y las instituciones públicas.
Laje sostiene que la figura del adolescente ha desplazado a los adultos y ancianos como referentes, generando una sociedad inmadura, emocional y superficial.
Según el autor, esta mentalidad ha debilitado la familia, la educación y la política.
Laje plantea una nueva derecha frente al idiotismo dominante.
“La civilización del espectáculo” de Mario Vargas Llosa es un ensayo crítico que analiza cómo la cultura contemporánea ha sido transformada en un producto de entretenimiento superficial.
Vargas Llosa sostiene (bueno, es un decir, ya no sostiene nada) que la cultura ha perdido su profundidad intelectual y se ha convertido en espectáculo, dominada por el deseo de entretener desechando el pensamiento crítico.
Los intelectuales evitan intervenir en el debate público, desplazados por celebridades y figuras mediáticas.
Las redes sociales privilegian la imagen sobre las ideas.
La política se ha convertido en una puesta en escena, donde importa más la apariencia que el contenido.
El arte ya no busca la belleza o la verdad, sino que busca una manera estúpida y grotesca de llamar la atención.
Las redes sociales se han convertido en una parte integral de la vida moderna, las personas a menudo publican fotos cuidadosamente seleccionadas y editadas de sí mismas para crear una imagen idealizada de su vida, lo que puede llevar a una mayor presión para parecer «perfectos» y una disminución de la importancia de las cualidades internas.
Un like vale por mil razones o verdades y en este entorno, es más fácil concentrarse en aspectos superficiales de la vida, como la apariencia y la moda. Figuras banales dominan la atención, la trivialidad se apoderó de todos, los memes son mejor que los argumentos, es más eficaz apelar a la emoción que a la razón.
Este artículo sigue estas tendencias, pues les ha ahorrado el tiempo de lectura de tres buenos libros y el precio de adquirirlo en librerías.
En resumen hoy en día la estupidez humana es lo que más nos da la idea de lo infinito y debemos valuar la opinión de los estúpidos porque son mayoría.
