Mujeres víctimas o protagonistas
La democracia se construye sobre principios fundamentales como la libertad, la igualdad y la participación voluntaria, en este sentido, resulta importante preguntarnos si imponer como obligación la paridad de género, es realmente el camino para lograr una participación política justa y representativa o si estamos cayendo en la trampa de una igualdad forzada que puede terminar debilitando realmente tanto a las mujeres como al sistema político en general.
En Ecuador, la legislación electoral exigía hasta antes de las reformas al Código de la Democracia que las listas de candidaturas cumplan con criterios de paridad y alternancia de género, si bien esta medida surgió como una respuesta a siglos de exclusión femenina en la política, también se ha abierto un debate cada más vigente: ¿debe ser la ley la que imponga quién participa y en qué proporción o más bien, deberíamos apostar por un sistema en el que los hombres y mujeres lleguen por méritos, convicción y liderazgo propio?
No se trata de negar que históricamente las mujeres hemos enfrentado múltiples barreras para acceder al poder, es evidente que existe una deuda estructural; pero, imponer la paridad como obligación legal no siempre ha garantizado una representación real ni mucho menos auténtica.
Hay que tener en cuenta que, en muchos casos se ha recurrido a mujeres como “relleno” de listas o candidatas simbólicas, sin que cuenten con el respaldo de la ciudadanía, la experiencia o la formación necesaria, esto, lejos de empoderarnos, nos expone a más violencia política y a la deslegitimación del rol que estemos desempeñando.
Existe un riesgo que, a más de ser silencioso, preocupa de sobre manera y es que la presencia femenina en política sea producto de un favor del sistema y no un resultado de la competencia que tenga una mujer; la verdadera igualdad llegará cuando las ecuatorianas operen en cargos por su preparación, trayectoria y propuestas, no por simplemente cumplir con una cifra.
El camino hacia una política más justa no pasa por imponer, sino por inspirar; que las mujeres lleguemos a donde queramos llegar, no porque la ley nos obligue, sino porque nos hemos preparado, hemos luchado y estamos listas para liderar, teniendo la convicción de que el camino está trazado y que depende exclusivamente de nosotras ser protagonistas de la historia de nuestro país.
La paridad real no necesita de leyes, necesita de convicción, cultura política renovada y oportunidades equitativas para todos.

La suma de cien imbéciles no es un genio, ni la de cien cobardes un valiente.