Pongamos en contexto el tema que en Ecuador se vive: especulaciones, noticias perturbadoras no confirmadas, escándalos y difamaciones, que describo en mi video: La nueva normalidad de los ecuatorianos.
La especulación se refiere a la formación de juicios o conjeturas sobre un tema sin tener pruebas concluyentes.
Se aplica en diversos contextos, como el ámbito financiero o de los negocios, pero en esta oportunidad me referiré a las especulaciones y juicios de valor en el ámbito del Derecho, en noticias perturbadoras que crean fricciones entre la gente que las escucha en redes sociales no muy confiables, y las repite distorsionando el concepto, creando narrativas o falsos positivos que traen consecuencias jurídicas o conflictos de carácter internacional.
Podemos citar cientos de ejemplos, pero esta vez nos limitamos a una noticia que conmocionó al país, de la que existen varias conjeturas sobre quiénes son los culpables. Estas van desde un autoatentado de las Fuerzas Armadas hasta la participación de movimientos y partidos políticos en decadencia moral y ética en el asesinato de 11 soldados ecuatorianos.
Las especulaciones, juicios de valor y teorías de la conspiración que circulan en redes sociales y medios de comunicación que desinforman, en este caso, son las siguientes:
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Que estos crímenes de lesa humanidad son autoatentados cometidos por las mismas Fuerzas Armadas ante la presión de la ciudadanía, que exige una depuración real de las instituciones del Ejército, de la Policía y de sus supuestos centros de inteligencia, que no estarían cumpliendo con sus funciones de guardianes del orden público, de la información, de la soberanía y de la seguridad ciudadana.
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Que la filtración de la información, en este caso en particular, proviene del interior de la misma institución, tanto de militares como de policías.
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Que el servicio de inteligencia militar y policial solo ha servido para perseguir y combatir a la oposición política del gobierno de turno, al cual están sirviendo.
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Que las Fuerzas Armadas demuestran nula efectividad en la lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico y la narcoguerrilla, y esperan que fuerzas extranjeras hagan su trabajo.
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Que la negativa a capacitarse y autodepurarse es de vieja data.
En resumen, en mi opinión, el potencial enemigo en este y otros casos que enlutan al país es interno, dentro de las propias Fuerzas Armadas. En el caso del asesinato de los 11 soldados ecuatorianos en el Alto Punino, en Orellana, el Comando de Fronteras debe ser eliminado y no solamente declarado como objetivo militar, lo cual casi siempre queda en discursos de barricada, impunidad y olvido.
La Fiscalía, a su vez, debe activar los procesos de judicialización sin direccionamientos políticos, ya que en el caso del Comando de Fronteras, los incidentes son reiterativos, antes de que el presidente Petro trate de encubrirlos o esto escale a un conflicto internacional.

¿Está el Ecuador viviendo su propio Vietnam o no?