18 julio, 2024

El castillo

Una de las atracciones de la ciudad de Medellín, Colombia, es visitar el Castillo, situado en una colina llena de árboles y jardines con distintos motivos como el jardín francés o el jardín japonés, con una bonita vista de la ciudad. Ubicado en el barrio El Poblado, es patrimonio cultural de la ciudad de Medellín, además de ser un museo, tiene otras interesantes atracciones, como la escuela de arte, Escuela Sinfónica de Antioquía, etc.

Por ejemplo, el día en que lo visité, había una exhibición de autos antiguos, una exposición de orquídeas y una venta de alimentos en simpáticos kiosquitos, como para “matar el hambre” mientras esperas en la fila para entrar a conocer las instalaciones. 

Como consta en la guía para visitantes que adquieres en la tienda del Castillo, a finales del siglo XIX y principios del XX, en Antioquia se dio un exitoso proceso de industrialización, recordemos que Medellín pertenece a esta zona antioqueña. Hubo un gran auge del comercio, la minería y la caficultura. Fue gracias a esto que algunas familias económicamente pudientes, construyeron grandes residencias, influenciados sobre todo por las tendencias de la época en Estados Unidos y Europa.

El Castillo fue construido en 1930 por la firma H. M. Rodríguez, por encargo del médico José Tobón Uribe, quien era un admirador de la arquitectura gótica de los castillos de Loira en Francia, donde él estudio medicina.  Luego de muchos años de trabajos de construcción estuvo listo el Castillo, sin embargo, el doctor Tobón, no pudo vivir en él mucho tiempo, solo dos años, pues murió. Así que en 1942 el Castillo fue adquirido por el filántropo antioqueño Diego Echavarría Misas y su esposa alemana, Benedikta Zur Nieden, e hicieron de él su residencia familiar. 

Diego y Benedikta enriquecieron al Castillo con valiosas obras de arte y objetos decorativos que traían de sus viajes alrededor del mundo. La colección de obras de arte incluye: pinturas, esculturas, cristalería, lámparas, vajillas, mobiliario, etc.

Ellos eran amantes de la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner,

así que en el Castillo hay un vitral representativo de la misma; y es por esta razón que bautizaron a su única hija como: Isolda. 

Más, la historia de Isolda es triste como trágica la de sus padres. 

Pero antes de contarles sobre eso, quería comentar algo que me llamó la atención. En el recorrido por el Castillo, en medio de obras de arte de destacados artistas internacionales, se mostraron algunas pinturas realizadas por el artista ecuatoriano José Yépez Arteaga. Él es un artista nacido en 1898, cuyas obras fueron presentadas en subastas, sobre todo en la categoría pintura. Una de sus obras titulada Treintaiuno, fue vendida en 1988 en Christie’s. 

El Castillo tiene varias instalaciones, todas mantenidas con muchos cuidados y buen gusto: la Terraza de las luces, con vista a la ciudad, a los jardines y a las fuentes; Hall de entrada adornado justamente por dos obras del ecuatoriano José Yépez Arteaga: los retratos de Simón Bolívar y de Francisco de Paula Santander. Resulta que don Diego, su propietario sentía un gran amor pos su patria, Colombia, y admiración por sus próceres. Además, hermosos candelabros y esculturas en bronce, adornan la entrada del Castillo. De ahí se reparten las áreas divididas por una hermosa escalera de madera, sea al Oratorio, a las diferentes salas, hay algunas como el Salón Francés o el Salón de Música, a donde se aprecia el piano de cola, regalo de su padre a Isolda, cuando ella cumplió quince años.

Subiendo por las escaleras se llega al hall de descanso del segundo nivel y el pasillo de acceso a las habitaciones: la biblioteca, los dormitorios y el salón de los recuerdos.  Están el dormitorio de don Diego y el de doña Benedikta, comunicados por una puerta; el dormitorio de Isolda niña y el de Isolda cuando ya era una señorita. 

El dormitorio de Isolda niña te permite ver como vivió Isolda una niñez feliz, rodeada de lujos y sobre todo del amor de sus padres. En la parte superior de las paredes hay pinturas realizadas por ella y por su mamá, con imágenes representativas de sus cuentos favoritos: Caperucita Roja, Blanca Nieves, La Cenicienta y la Bella Durmiente.

Están sus muñecas de porcelana y en un armario antiguo, muy bien acomodados, su vestido de bautismo, uniforme de colegio y otras pertenencias. Hay en una pared del dormitorio una linda foto, en blanco y negro, de Isolda niña y sonriente con una de sus muñecas, junto a un gran árbol de Navidad. 

A lado de esta habitación, está la de Isolda joven, a donde se aprecia su violín, ya que tocaba varios instrumentos y era amante del arte y de la música clásica, como sus padres.  Una Isolda que viajó a estudiar a los Estados Unidos para estudiar en la universidad Lake Erie College en Painesville, sin sospechar que, en la Semana Santa de 1967, la enfermedad de Guillain- Barré, acabaría con su vida a los 19 años de edad. 

Don Diego, su padre, quien estudió comercio en Londres, París y Berlín, fue un reconocido gestor cultural y social de Medellín y de Antioquía, llegando a ser uno de los tres hombres más ricos del país. Fundó bibliotecas, hospitales, ancianatos, fomentó la reforestación urbana. Secuestrado justo por su gran riqueza, había acordado previamente con su esposa que, si esto llegase a ocurrir, no se pagaría rescate por su vida. Murió en agosto de 1971, víctima de sus secuestradores.

Doña Benedikta, a quien cariñosamente llamaban Dita, nació en Alemania, y estudió bellas artes en Berlín, fue en una fiesta en esa ciudad a donde conoció a don Diego. Se casaron y llegaron a Colombia en 1934. Doña Dita luchó por reducir la brecha entre la opulencia y la pobreza, de la época; gran filántropa y humanista; sobre todo amante del arte. Luego de perder a su única hija y a su esposo, en 1973 regresó a Alemania, para vivir con su hermana y solo volvió a Colombia para entregar su fortuna a entidades educativas y culturales. Falleció en Alemania en diciembre de 1998.

Y es así como las historias de vida de quienes fueron dueños de El Castillo dejan una gran lección, de vivir y disfrutar el hoy, el presente, ya que el futuro es incierto y en alunas ocasiones puede ser doloroso y triste. Si van a Medellín, visitar este museo seguro les va a encantar.  Tienes redes sociales y la página web: www.mueseoelcastillo.org

Artículos relacionados

Viajar en el Siglo XXI

“Los viajes, en la juventud, son parte de la educación, y en la vejez, una parte de la experiencia”.  Francis Bacon “Los viajes enseñan la tolerancia”.  Benjamín Disraeli “Quien nunca ha salido […]

Mi padre y la hormigas

Era director del hospital Psiquiátrico. Estaba empeñado en reformarlo y para ello había separado de la institución a treinta empleados deshonestos. Había comprobado que algunos habían robado. Incluso varios profesionales obtenían dinero […]

1 comentario

  1. EH DISFRUTADO DE UNA LECTURA QUE NARRA CON TANTO TALENTO Y DEDESTRESA , LO CUÁL HACE MUY ENTRETEDIDO EH INTERESANTE, A LA VEZ ENRIQUESE CONOCER HISTORIAS CON UN FINAL DE AMOR A LOS DEMAS…..
    GRACIAS KARINA! FELICITACIONES!!
    INCREÍBLE TÚ VENA DE ESCRITORA! ERES NUESTRO ORGULLO PARA NUESTRO PAÍS.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×