Rocafuerte difusor del pensamiento económico – Desde mi Trinchera
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Rocafuerte difusor del pensamiento económico

Juan José Flores ofendió a Vicente Rocafuerte cuando le dijo que él no había hecho nada por la Independencia y de allí debe haber salido la afirmación de un historiador quiteño que mientras en Ecuador peleaban por la libertad, Rocafuerte se paseaba por el mundo. Oportunamente lo desmentí. Vicente Rocafuerte conoció a miembros de la realeza de países europeos, altos funcionarios del gobierno inglés, estadounidense  y mexicano, próceres e intelectuales de la Independencia de Hispanoamérica en Londres, Filadelfia, Méjico y Habana. Entre los personajes se encontraba José Canga Arguelles, español, abogado y matemático, tuvo una vida muy variada y agitada. Fue contador del ejército español, diputado, Ministro de Hacienda en dos ocasiones, participó en las Cortes de Cádiz donde debió conocer a Olmedo y Rocafuerte, estuvo en prisión, en 1821 publicó, Memorias sobre el Estado de Hacienda Pública. Se exiló en Londres desde 1824. El 30 de julio de ese año, Rocafuerte le envió una extensa carta, dirigiéndose a él como amigo y compañero. ¿Por qué habrá usado el segundo calificativo? ¿Por haber sido ambos diputados en Cádiz o por qué pertenecían a la misma logia masónica? En la carta le hizo una recomendación: “Ya sabe Usted la escasez que hay entre nosotros de verdaderos conocimientos de economía política. Si en sus momentos de ocio, usted dedicara su atención a un objeto tan importante Usted haría un distinguido servicio a la causa de la libertad: contribuyendo a esparcir verdades muy conducentes al buen orden y estabilidad de los gobiernos. No basta estudiar abstractamente al Smith, al Say, al Ricardo y Storch; es preciso aplicar los principios de esta ciencia moderna al giro de los negocios políticos, al arreglo liberal del comercio, al repartimiento de contribuciones y utilidad de empréstitos”.

Continúa Rocafuerte: “Hace pues falta entre nosotros una obra donde se encuentren reunidos los principios más exactos de economía política aplicados al manejo de la hacienda pública. Nadie mejor que usted puede llenar el vacío que deja en la sociedad la carencia de este libro; estoy seguro que la América le recibiría con el mayor aplauso; que la presente generación que está luchando por su independencia, por su libertad, y por el exterminio (en aquel continente) del gótico servilismo, tributaría a Usted su más viva gratitud, complaciéndose en considerarlo como genio del bien…” Canga aceptó el desafío y se dedicó de lleno a escribir el libro tan deseado por Rocafuerte. Le mencionó que era indispensable aprender sobre la verdadera economía. Para Rocafuerte era lo más delicado de manejar y tenía la responsabilidad de “…presentarnos el hilo que nos ha de guiar en el laberinto intrincado de dar a la hacienda pública una excelente organización”. 

Canga ya tenía otras obras de temas económicos pero no eran dirigidos a la enseñanza y un año después publicó Elementos de la Ciencia de Hacienda. En su obra explicó que el propósito del libro fue “…corregir la poca formación de los empleados de Hacienda, proporcionándoles un cuadro sistemático de principios y reglas de la hacienda, que les servirá de guía en el desempeño de sus cargos”. 

No he encontrado información sobre quién financió la publicación, no pudo ser Cangas, no era persona de recursos económicos. Debió haber sido Rocafuerte quien se hizo famoso por cubrir los costos de publicaciones de libros de otros próceres e intelectuales. Desde 1812 su decisión fue usar su fortuna para causas de las independencias. En ediciones posteriores de MP comentaré sobre episodios pocos conocidos de Rocafuerte.

Rocafuerte estaba al día de todo lo que ocurría en Gran Bretaña y resto de Europa, como las transformaciones tecnológicas originadas en la Revolución Industrial y el surgimiento de nuevos pensamientos económicos. Era innato en él difundir toda clase de información que llegaba a sus manos a las jóvenes repúblicas latinoamericanas. 

En su biblioteca Rocafuerte tenía libros de economía y otras ciencias; leía todo lo que le interesaba para estar informado. La economía y tecnología le llamaban la atención por lo que estaba pasando en Gran Bretaña, cuna del capitalismo, nuevo sistema económica, el motor a vapor, la maquinaria, el ferrocarril y demás inventos que transformaron el mundo. De los nombres de economistas mencionados por él, dos eran británicos: Adam Smith, David Ricardo; uno era francés: Jean Baptiste Say y otro ruso-alemán: Heinrich Von Storch. Todos ellos eran pioneros: Smith, padre del libre mercado, competencia, especialización de trabajo, etc. Ricardo, creador de la ventaja comparativa usada en el comercio internacional. Say sostenía que toda oferta crea su propia demanda. En una economía de libre mercado, las empresas no deberían abarrotarse. Storch escribió sobre libre mercado, etapas de desarrollo, capital social y humano e hizo trabajos sobre la teoría del valor.

Rocafuerte ya advirtió del mal manejo de las economías en Hispanoamérica, su inversión en difundir las buenas políticas económicas no sirvió. Todas las jóvenes repúblicas se caracterizaron por tener presidentes que destruyeron la economía. Hubo tan poca atención a ella que en 1830 no hubo ministerio de hacienda, éste formaba parte del ministerio del interior, En 1831 hubo la separación.

1 Comentario

  1. Regina Zambrano Reina

    Don Guillermo, ratifica sus conocimientos históricos sobre tamaña personalidad de don Vicente Rocafuerte. En ocasiones me pregunto, ¿Cómo hubiera sido si estos dos prohombres, el prócer Olmedo y don Vicente Rocafuerte, frente a los destinos de la futura República del Ecuador de haber tenido la ocasión de actuar conforme su accionar?

    Es muy posible que nuestro destino sería otro: Ejemplares en honestidad, visión de estadistas, amor permanente hacia su terreño, con extraordinarios conocimientos políticos, constitucionales, económicos, olvidándose del centralismo tan perjudicial para todos, pensando con firmeza y sin dobleces incentivar lo mejor para el futuro ecuatoriano. Fueron incomprendidos y pagamos esas pequeñeces de espíritus sin alicientes superiores.

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